Relato epico

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Ekhorn e Ilinimus.
Seca como la arena del vasto desierto, fría como la nieve de la cumbre de la montaña. Así era la tierra soberana del Rey Tirgul, Akershion. Esta región era azotada la mayor parte del año por un duro invierno, que se extendía desde Luthains (Enero para nosotros) hasta mediados de Philios (Septiembre) para luego dar lugar a una primavera casi perfecta que duraba el resto delaño. En ella lo árboles silvestres brillaban con flores de diferentes colores cada año, nunca era una igual a la otra, nunca una con el mismo aroma. Nadie en la región podía explicar aquel fenómeno, por lo que lo aceptaban como una gracia más de la Diosa Nurina, señora de la Naturaleza Purísima. Akershion, era, sin duda, un lugar digno de visitar y admirar en la primavera, pero de evitar y aborreceren el invierno. Ciudad capital y donde residía el gran rey de esta región era el reino de Dengrilim, el cual era frecuentado por extravagantes viajeros que venían desde regiones inhóspitas en busca del paso de las Montañas de Herión (Dios de la Tempestad), las más peligrosas y extensas de las Tierras de Plata. La idea de Cruzar estas montañas era una completa locura, pero era la única formaterrestre de llegar al Reinado de la Reina Molara, Kothilan.
Hubo un día, en la Era del Ekhorn (Era de la Oscuridad), que llegó al Castillo de Tirgul, un peculiar viajero que respondía al nombre de Aerion, y decía provenir de las Tierras de más allá de los Bosques Luminae, muy al sur de las Tierras de Plata. Sus ojos de un gris peltre brilloso profesaban una mirada profunda y severa, que daba lugar aun indescifrable misterio. Su piel curtida, reflejaba claramente las muchas batallas que de seguir libró. Era alto, quizás más de lo que se acostumbraba a ver en Akershion, y de un caminar elegante pero sumamente arrogante, aspecto peculiar en un viajero del sur. Solicitó encuentro con el rey, quien al escuchar sus señas no dudo en aceptar. En dicho encuentro, el hombre optó por no revelar nadaconcreto ni relevante sobre sí mismo, su historia. Sólo se limito a pedir alojamiento, bajo la promesa de retribuir en oro el doble de lo que valía aquello que se le había dado. El rey, para sorpresa de sus consejeros y a pesar de las críticas de los mismos, cedió a Aerion una habitación de su propio castillo.
Pasaron muchos días sin que nada se supiese acerca del peculiar inquilino. Dichasituación preocupaba a los habitantes del propio castillo, excepto al rey al cual cada vez que se le mencionaba el tema respondía con frases inconexas llenas de maravilla y encanto, como si estuviese en un trance. Tirgul no poseía hijos, ya que su mujer había fallecido hacia ya muchos años en una ceremonia en que se utilizaba opio estrellado con la vana esperanza de comunicarse con el mas allá, el Desiertode Aunuran, donde se decía que se iban las almas luego de la muerte para vivir la eternidad. A causa de esto, a la hora de sucesión del trono se presentaría una larga disputa (el rey ya estaba anciano y no se le estimaba, desgraciadamente, mucho tiempo mas de vida) puesto que tampoco contaba con parientes de sangre real directa, a excepción de un sobrino del que poco se sabia que vivía en lascercanías del Bosque Dasturion, en los territorios este de Akershion.

Eretho se retorcía agonizante en su lecho. No le estimaban mucho tiempo de vida, y quizás tampoco el suficiente para elegir a su sucesor en el trono. Werion, uno de sus sobrinos y candidato al trono, no aparecía. Llegaban rumores de que se encontraba en el bosque cazando criaturas.
El Clima dentro de la propia ciudad, era depor si, horrible, la ciudadela se cubría completamente por una espesa neblina gris, como previendo lo que iba a acontecer.
Las horas transcurrían largas mientras el rey daba sus últimos respiros. Ninguno de los presentes se atrevía a pronunciar palabra alguna, era un ambiente verdaderamente tenso. Cuando el rey por fin puedo lograr reunir las fuerzas suficientes para decir palabra alguna, lo...
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