Relato

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Presencias

La puerta se abre. El líquido se derrama por los bordes de la taza y mancha los inmóviles dedos de mi mano derecha. Gota tras gota cae al suelo mientras la tetera sigue detenida al final del otro brazo. Mis ojos observan el vacío que aparece detrás, la ausente iluminación que se asoma por esos pocos centímetros. El pomo regresa a su sitio y el golpe me aísla de nuevo delpasillo.
Mis dedos tiemblan cuando me siento. Un par de gotas caen al mantel gris. La taza oscila sobre el platillo. Y la cuchara que estaba en equilibrio sobre el azucarero cae y rueda hasta detenerse a los pies de la tetera. Los motivos azules destacan sobre la porcelana. No recordaba haberlo visto. Acaricio el borde de la taza, donde el líquido destaca con su color ocre. Había encontrado eljuego un cuarto de hora antes, mientras buscaba una taza limpia para el desayuno. Nunca me había preparado té aunque siempre me había fascinado el ritual. Cómo el agua se transformaba frente a los ojos.
Rodeo la taza y la elevo hasta mis labios. El paquete con la mezcla estaba junto al resto. Un pequeño sobre con caracteres ininteligibles pero con un olor tan embriagador que deseaba probarlolo más pronto posible. Ese recuerdo sepulta el temor que me ha paralizado. Lo que ha sucedido antes sólo ha sido el viento. Nada puede abrir una puerta en una habitación cerrada. Me calmo. Asomo un poco la lengua y toco el líquido. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente al agua hirviendo y la taza rueda por encima de la mesa esparciendo más ríos sin destino. A través de mis ojos húmedos veo losinútiles esfuerzos de toda la porcelana y su trasformación en decenas de pequeños trozos al besar el suelo. No queda nada encima de la mesa, tan sólo el agua que empieza también a desvanecerse.
No es el único ruido que escucho.
Una ventana se desliza en otra habitación. Unos armarios que se abren. Unos cajones que golpean unos contra otros. Perchas moviéndose. Me levanto despacio.Recuerdo los avisos de la policía para el verano. Gente que dormía tranquilamente mientras unas sombras se deslizaban por la casa buscando. Cambiando cosas de valor por miedo. Transformando seguridad en desconfianza. Incluso dejando tras de sí miradas vacías al llevarse lo más valioso del propietario de la casa junto con cuchillos manchados de rojo.
Alargo la mano sin apartar la mirada de lapuerta que me separa del pasillo. Cojo el teléfono y, sin moverme, marco los tres números que pueden salvarme. El auricular me responde con atronador silencio. Aguanto la tentación de lanzarlo al suelo y lo deposito sobre el mantel que ya casi se ha secado. Doy un vistazo alrededor. No hay mucho que me pueda ayudar. Los platos y los vasos permanecen en el fregadero a la espera de un baño. Loscubiertos se encuentran debajo de todo lo demás. Imposible coger uno sin delatarme.
Me deslizo hacia la ventana.
Imposible. Hay más de diez metros hasta el suelo y ha desaparecido el árbol que siempre me tapaba el cielo y del que siempre me quejaba al presidente de la casa. En los cuatro años que vivía allí nunca me había hecho caso y tenía que quitarlo cuándo más lo necesitaba.
Medoy la vuelta al escuchar el pomo moverse. No hay ningún lugar para escapar. En cuanto viesen la mesa y el suelo sabrían que había alguien. Sólo les haría falta girar la cabeza y verme. Temblando junto a la nevera, intentando fundirse sobre los azulejos manchados de grasa. Y una ventana abierta por dónde simular un accidente fatal. Había resbalado con el té. La cocina no era muy grande.Pobrecilla, con lo joven que era.
La puerta no se llega a abrir del todo.
Los pasos se alejan.
Y luego se hace de nuevo el silencio.
Espero lo que me parece un par de eternidades antes de lograr que un pie se coloque delante del otro. Una vez. Luego otra. Las delgadas zapatillas rozan sobre el pavimento. Me paro. Sopla una ligera brisa que parte de mi habitación, al final del...
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