rem koolhas

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Calle 42, con Disney. Dios ha muerto, el autor ha muerto, la historia ha muerto,
tan sólo el arquitecto sigue en pie… una insultante broma evolutiva… La
escasez de maestros no ha detenido la proliferación de obras maestras. «Obra
maestra» se ha convertido en una sanción definitiva, un espacio semántico que
protege el objeto frente a la crítica, quedando sus cualidades sin demostrar, sucomportamiento sin comprobar y sus motivos sin ser cuestionados. Una obra
maestra ya no es una casualidad inexplicable, una partida de dados, sino una
tipología congruente: su misión es intimidar, la mayor parte de sus superficies
exteriores son curvadas, enormes porcentajes de sus metros cuadrados son
disfuncionales, sus componentes centrífugos apenas quedan unidos por la
fuerza delatrio, temiendo la inminente llegada de la contabilidad forense…
Cuanto más indeterminada es la ciudad, más específico es su «espacio basura»;
todos los prototipos de «espacio basura» son urbanos —el Foro Romano, la l espacio basura Rem Koolhaas
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Metrópolis—; es sólo su sinergia inversa lo que los hace suburbanos, al mismo
tiempo hinchados y encogidos. El «espacio basura» reduce aurbanidad lo que
es urbano… En lugar de vida pública, Espacio Público®
: lo que queda de la
ciudad una vez que se ha eliminado lo impredecible… Espacio para «honrar»,
«compartir», «cuidar», «sufrir» y «curar»… la cortesía impuesta por una
sobredosis de remates tipográficos… En el tercer milenio, el «espacio basura»
asumirá la responsabilidad del placer y la religión, de la exhibición y laintimidad, de lo público y lo privado. Inevitablemente, la muerte de Dios (y del
autor) ha alumbrado un espacio huérfano; el «espacio basura» no tiene autor,
pero es sorprendentemente autoritario… En su momento de máxima
emancipación, la humanidad está sometida a los guiones más dictatoriales:
desde el prepotente discurso del camarero hasta los gulags de los contestadores
automáticos alotro extremo del teléfono, las normas de seguridad de los
aviones y unos perfumes cada vez más insistentes; la humanidad se ve
intimidada a quedar sometida a una línea argumental tramada con el máximo
rigor… El escenario escogido para la megalomanía —lo dictatorial— ya no es
la política, sino el entretenimiento. Gracias al «espacio basura», el
entretenimiento organiza regímenesherméticos de exclusión y concentración
máximas: juegos de concentración, golf de concentración, congresos de
concentración, cine de concentración, cultura de concentración, vacaciones de
concentración. El entretenimiento es como observar el enfriamiento de un
planeta hasta entonces caliente; sus principales inventos ya resultan antiguos: la
imagen en movimiento, la montaña rusa, el sonidograbado, los dibujos
animados, los payasos, los dinosaurios, las noticias, la guerra. Salvo los
famosos —de los que hay una espectacular escasez— no hemos añadido nada,
sólo lo hemos reconfigurado. El empretenimiento1
es una galaxia en plena
contracción, forzada a mantenerse en movimiento por las implacables leyes de
Copérnico. El secreto de la estética empresarial era el poder deeliminación, la
exaltación de lo eficaz, la erradicación del exceso: la abstracción como
camuflaje, la búsqueda de lo «sublime empresarial». Por exigencia popular, la
belleza organizada se ha vuelto cálida, humanista, inclusivista, arbitraria,
poética y poco amenazante: el agua sale a presión por orificios muy pequeños, y
luego se le obliga a formar rigurosos aros; las palmeras rectas se doblan enposturas grotescas; el aire se carga de oxígeno añadido, como si sólo aplicando
a las sustancias maleables las contorsiones más drásticas se mantuviese el
control y se satisficiese el impulso de exterminar la sorpresa. Nada de risa
enlatada, sino euforia enlatada… El color ha desaparecido para apagar la
cacofonía resultante y se usa sólo como clave: relájese, disfrute, siéntase bien,...