Resumen del libro over

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  • Publicado : 4 de marzo de 2010
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Resumen del libro over
Primera parte
Capítulo I
Heme aquí en una calle de mi pueblo Por ella he transitado desde mi niñez, y todo esto tan familiar, tan amable ordinariamente, de repente se me ha tornado extraño. ¿Extraño? He dicho bien. Todo ha cambiado para mí; y sin embargo, estas casas son las mismas de ayer, y las personas que ahora veo, las mismas que me han visto crecer. He ahí al obesoseñor Almánzar.
Cuando yo nací era regidor del Ayuntamiento y aún lo es. Allí se abanica tu brillantísima calva don Justo Morales, prestamista durante toda su vida y presidente del Club; alcanzo a ver dormitando la siesta en la acera de su casa, sentado en cómoda mecedora, al ventrudo señor Salustio, siempre enfermo del hígado y quejumbroso de su situación. Yo me palpo y soy el mismo. Como el primerdía me sigo llamando Daniel Compré; o mejor dicho: Daniel, que es como me llaman todos. Y sin embargo, he de reconocer que todo esto que me rodea, visto por mí a cada amanecer hasta hacerme hombre, se ha tornado hoy en algo que me repele; y una gran sensación de soledad se ha adueñado de todo mi ser. Aquí estoy solo. ¡No lo puedo dudar! ¿No me lo justifican las últimas palabras de mi padre? Lodijo bien claro. Me parece oírlo. Lo oirá siempre:
—No deseo que turbes más mi paz. Molestas a mi mujer, me molestas a mí; eres una sanguijuela que pretende chuparme la sangre. ¡Vete!
Sí. Eso fue lo que dijo. Y mientras sus duras palabras me pegaban en el rostro, mi madrastra, con cara de Mefistófeles, sonreía desde una puerta. Y si no fuera por el hambre que me atormenta, creería que todo fue unsueño, pero ¡demonios! aquella repleta mesa se perdió para siempre...
Es innegable que hoy no se tiene un centavo, que se está sólo en el mundo —aún en este pueblo donde se ha criado uno—, que ya los compañeritos de los dulces días de la infancia no aparecen. Unos son señores licenciados, doctores, o simplemente grandes propietarios; otros, herederos afortunados, por designios del destino o de lavida, ¡la vida! Ella nos junta en la escuela cuando somos inocentes, y allí llegamos a la intimidad, practicamos la camaradería. ¡Se necesitaría ser niño corrompido para tener noción de superioridad social en esa época! Pero después... ¡Oh, las cosas cambian! Cada uno coge su rumbo. Unos nacieron para esto y otros pera aquello. Estos tienen dinero y aquellos no.
La noche se me ha echado encima sinninguna ceremonia. Hay en las calles una profusión de vehículos, gentes y polvo, que me hace daño. Las aceras desunidas, están salpicadas de vecinos que en chanclos y en mangas de camisa, leen los periódicas o comentan los chismes del día, despreocupadamente, a la criolla usanza, mientras toman el fresco.

Capitulo II
Las ocho de la mañana. Me hallo en la puerta principal de la gran bodega delcentral azucarero, esperando la llegada del manager. Procuro, mientras tanto, recordar algo sobre este hombre a quien he visto muy pocas veces, a fin de dirigirme a él en una forma adecuada. Pero las cosas que he oído decir acerca de este magnate no son muy halagadoras. Se llama Mr. Robinson; tiene unos cincuenta años que no aparenta. Es más obeso que un tonel y, según dicen, tiene un humor detodos los diablos. Cuyas son historias como esta: cuentan que hasta el asistente o segundo manager —un mister latinoamericano—, llegóse un mozo en busca de trabajo. Según me contaron, el muchacho tuvo la fortuna de obtener del segundo una plaza en la tienda central. No se había percatado de ello Mr. Robinson, debido a su costumbre de no mirar ni saludar a quien no pertenezca a su raza — costumbre quepractica hasta el extremo de que empleados que llevan diez años en su oficina, a su lado, no le han oído decir “buenos días”—, hasta que hallándose una mañana en la puerta de su despacho, asomado a la tienda, mirando a la gente que llegaba y salía, vio entrar al joven, taconeando con unos zapatos muy a la última moda. Miróle de pies a cabeza. Halló que tenía un talle muy largo, la cara llena de...
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