Resumen del libro vigilar y castigar

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  • Publicado : 8 de enero de 2011
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I. SUPLICIO
1. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS
He aquí, pues un suplicio y un empleo de tiempo. Menos de un siglo los separa. Es la época en la que fue redistribuida en Europa y en los Estados Unidos, toda la economía del castigo. Por lo que toca a la justicia penal una nueva era, entre tantas modificaciones, señalare una. La desaparición de los suplicios.
Tenemos un hecho; en cuantas décadas,ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado, marcado simbólicamente en el rostro o en el hombre, expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectáculo. Ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represión penal.
El castigo ha dejado poco a poco de ser teatro. Y todo lo que podía tener de espectáculo se encontrara en adelante marcado con un índice negativo.
A partir de estemomento, el escándalo y la luz se repartirán de modo distinto, dado que es la propia condena la que supone que maraca al delincuente con un signo negativo y univoco, por lo tanto los debates y las sentencias, pero la ejecución misma es como una vergüenza suplementaria, que la justicia se avergüenza de imponerle al condenado, que se mantiene, pues a distancia, y tiene siempre ser confiada a otros ybajo secreto. Es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar. La ejecución de la pena pasa a convertirse, en un sector autónomo, un mecanismo administrativo del cual la justicia se desentiende, liberándose así de su sorda desazón por un escamoteo burocrático de la pena. Lo esencial de la pena que nosotros, los jueces infligimos, no crean ustedes que consiste en castigar; trata decorregir, reformar, curar una técnica del mejoramiento rechaza en la pena, la estricta expiación del mal y libera a los magistrados de la fea misión de castigar.
Se dirá que la prisión, la reclusión, los trabajos forzados, el presidio, la interdicción de residencia, la deportación –que han ocupado un lugar tan importante en los sistemas penales modernos- son realmente penas “físicas” que, adiferencia de la multa, recaen y directamente sobre el cuerpo. Pero en ellas la relación castigo-cuerpo no es idéntica a la que había en los suplicios. El cuerpo se encuentra aquí en situación de instrumento o de intermediario y, si se interviene sobre èl encerrándolo o haciéndolo trabajar, es para privar al individuo de una libertad considerada a la vez como un derecho y un bien. La reducción de estas“mil muertes” a la estricta ejecución capital define toda una nueva moral propia del acto de castigar.
Desaparece, pues, en los comienzos del siglo XIX, el gran espectáculo de la pena física, se disimula el cuerpo suplicando y se excluye del castigo el aparato teatral del sufrimiento. Se entra en la era de la sobriedad punitiva.
Pero basta mencionar tantas precauciones para comprender que lamuerte penal sigue siendo en su fondo, todavía hoy, un espectáculo, que es necesario, precisamente, prohibir. En cuanto a la acción sobre el cuerpo, tampoco se suprime por completo a mediados del siglo XIX. Sin duda, la pena ha dejado de estar centrada en el suplicio como técnica de sufrimiento para pasar a tener por objeto principal la pérdida de un bien o de un derecho. Pero castigos como lostrabajos forzados o incluso la prisión – mera privación de libertad- no han funcionado jamás sin cierto suplemento punitivo que concierne realmente en el cuerpo mismo: racionamiento alimentario, privación sexual, golpes, celda. ¿Consecuencia no perseguida, pero inevitable, del encierro.
Mably ha formulado el principio, de una vez para siempre: “Que el castigo, si se me permite hablar así, caiga sobreel alma más que sobre el cuerpo”.
La definición de las infracciones, la jerarquía de su gravedad, los márgenes de indulgencia, lo que se toleraba de hecho y lo que estaba legalmente permitido, todo esto se ha modificado ampliamente desde hace 200 años; muchos delitos han dejado de serlo por estar vinculados a determinado ejercicio de la autoridad religiosa o a un tipo de vida económica: la...
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