Resumen "desde la casa de los muertos"

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El texto a tratar es el epílogo de la obra más famosa del historiador Tony Judt, “Postguerra: Una historia de Europa desde 1945”, que lleva por título “Desde la casa de los muertos”. En él, hace una reflexión sobre la memoria europea respecto al holocausto judío.

Tony Judt nació en el seno de una familia judía en 1948 en Londres. Fue historiador, escritor y profesor británico especializado enla historia de Europa. Estudió en el King’s College de Cambridge y en la École Normale Supérieure de París. Durante su juventud, vivió por un tiempo en un kibutz en Israel, hecho que le marcó como partidario sionista de izquierdas. Más tarde cambió su izquierdismo por posturas más socialdemócratas. En 1967 ejerció de conductor y traductor en la Guerra de los Seis Días. Fue profesor en lasuniversidades de Cambridge, Oxford, Berkeley y desde 1987 en la Universidad de Nueva York, colaboró en diferentes revistas, entre ellas, la New York Review of Books o el Times Literary Supplement. En 2008 le diagnosticaron una variante de esclerosis lateral amiotrófica y falleció en agosto de 2010 dejando tras de sí las siguientes obras: “Postguerra: Una historia de Europa” (2006), “Pasado imperfecto”(2007), “Sobre el olvidado siglo XX” (2008), “Algo va mal” (2010) y “El refugio de la memoria” (1011).



En el epílogo de su libro T. Judt hace un repaso por los años posteriores a la II Guerra Mundial y explica la amnesia colectiva en la que se sumió Europa con respecto a la responsabilidad del exterminio de los judíos y las numerosas deportaciones.
En la actualidad, el precio que hay quepagar para entrar a formar parte de la Unión Europea es reconocer el exterminio y los crímenes contra la humanidad. Pero todavía hoy hay países cuya clase política no asume su responsabilidad en este tema y hasta que no lo hagan seguirán a las puertas de la U.E. sin poder entrar.
Al finalizar la II Guerra Mundial, los judíos que consiguieron volver a sus lugares de origen no fueron recibidos comoaquellos resistentes deportados que volvieron con vida ni mucho menos. Durante el tiempo que habían pasado recluidos en campos de concentración, sus hogares y sus pertenencias, que habían quedado abandonados, fueron ocupados por sus vecinos que no estaban dispuestos a devolverles lo que antes de la guerra les pertenecía. Incluso no tenían ningún problema en culpar a los judíos del sufrimiento quehabían aguantado.
Durante unos años los monumentos que se levantaban en la memoria de los caídos llevaban inscripciones referidas a “deportados políticos”, “resistentes deportados”, “caídos por Francia”…pero ninguna mencionaba la palabra “judíos”, ni siquiera aquellos que conmemoraban a los niños asesinados en Auschwitz.
Reconocer el holocausto judío era, para aquellos países que habían colaboradoen las deportaciones, asumir aquella vergüenza que tras la guerra solo se relacionaba con Hitler.
En Bélgica los supervivientes judíos no tenían derecho a las ayudas públicas a menos que hubiesen participado en movimientos de resistencia.
En Holanda las casas abandonadas de los judíos deportados fueron una fuente valiosa de madera durante el “invierno del hambre” y los oficiales holandesescolaboraron en la identificación y deportación de los judíos. Al regresar su única opción era hacerse invisibles. No fue hasta mediados de los años sesenta cuando el gobierno decidió participar en la conmemoración de las victimas, y hasta 1995 ningún jefe de Estado reconoció públicamente su responsabilidad. Su defensa fue que “cumplían ordenes”.
Los libros que escribían con sus propias experienciasvividas en campos de concentración no tenían cabida en esa sociedad que les daba la espalda. Públicamente no era apropiado hablar del holocausto.
En Alemania, los colegios explicaban la historia de su nación hasta el Imperio guillermino. Poseían una figura a la que culpar del daño que ellos, los alemanes, habían sufrido, el Führer. No fue hasta 1958, en los juicios de Ulm, cuando despertó la...
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