Resumen el choque cultural

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A fines del año pasado, cuando la gravedad de la crisis financiera mundial era asumida ya como una realidad y cuando, al menos en ciudades como Nueva York, Londres y Los Ángeles, dejaba de ser algo de lo que la gente hablaba con seriedad aunque no con insistencia para convertirse –a efectos prácticos– en el único tema que discutía la clase media alta de estas y otras metrópolis, un amigo míoseñaló con pesar, durante el almuerzo, que ahora creía saber qué habría implicado ser un londinense o parisino próspero en la Primera Guerra Mundial.
Soy el tonto del pueblo. ¿No debíamos haber sabido que la obviedad bíblica de “en medio de la vida estamos en la muerte” es igual de inobjetable si se le da la vuelta? Si acaso, la idea de que en medio de la muerte estamos en la vida podría hallarsemás cerca de la verdad. Recuerdo haber hablado con un abogado de Sarajevo en pleno sitio de la capital bosnia: me comentó que sus casos de divorcio y herencia no habían disminuido. ¿Qué fue lo que sucedió? Primero, los hechos concretos: aun cuando los salarios reales en Europa occidental y Estados Unidos se estancaron en gran medida durante los pasados treinta años, se produjo la llegada de unaeconomía basada en un crédito barato disponible casi por demanda, sobre todo a través de tarjetas de crédito y préstamos hipotecarios –concedidos incluso, o quizás en particular, a aquellos que nunca antes en la historia del capitalismo de consumo podrían haber sido sujetos de crédito debido a su situación financiera–, y artículos cada vez más sofisticados –en especial electrodomésticos–, cuyos preciosbajaban con gran celeridad. La gente creía ser más rica pero no lo era: sólo tenía más cosas.
Tal sistema era materialmente insostenible. En teoría esto podría haber beneficiado a los países vecinos del mundo desarrollado –México en el caso de Estados Unidos; África del Norte y recientemente Europa oriental en el caso de la Unión Europea–, pero en la práctica el grueso de la producción notardó en concentrarse en China, que se volvió el motor productivo del orbe aun cuando Estados Unidos siguió siendo la locomotora del consumo global. Al mismo tiempo, el auge de la construcción de vivienda privada en Estados Unidos era un negocio de bajo costo gracias a que los contratistas se apoyaban en los inmigrantes –sobre todo mexicanos–, a quienes se les podían pagar salarios inferiores a lasnormas establecidas para los trabajadores estadounidenses.
En un artículo reciente Paul Krugman, premio Nobel de Economía, argumentaba que al menos en un sentido metafórico el esquema Ponzi de Bernard Madoff –el fraude de cincuenta billones de dólares que involucró a algunos de los inversionistas más ricos y supuestamente más sofisticados de Estados Unidos– era el símbolo de toda una época: laprosperidad fundada en el engaño por parte de los banqueros y en la credulidad por parte de sus clientes. Por cierto, un esquema Ponzi se basa en pagar a viejos inversionistas no con utilidades sino con el dinero de nuevos inversionistas; en teoría, mientras los mercados continúen al alza y el estafador pueda seguir atrayendo nuevas inversiones, no hay razón por la que el fraude no pueda extenderseindefinidamente.
Bird y Fortune, los cómicos ingleses, tienen un famoso sketch: una entrevista imaginaria con un banquero de inversiones que trata desesperadamente de explicar qué falló en los mercados. De Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, al hablar de una nueva era de equilibrio económico que denominó “la gran moderación” (una idea curiosamente estoica para unseguidor de Ayn Rand, la frenética novelista trocada en una Schopenhauer de pacotilla), a Larry Kudlow, el influyente presentador del canal CNBC, al referirse a una “economía de Ricitos de Oro” ni demasiado caliente ni demasiado fría, el consenso fue casi absoluto: el modelo financiero angloamericano instituido con Reagan y Thatcher era nada menos que una especie de “fin de la historia”...
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