Resumen la ciudad de dios

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Confesiones, Libro X (Agustín de Hipona)

Hugo Gleza

CAPÍTULO I
[…] Mas he aquí que tú amas la verdad (Salmos 50,8); y quien obra según ella viene a la luz. […]
CAPÍTULO II
[…] ahora, cuando mis gemidos dan testimonio de lo desagradable que soy para mí mismo tú resplandeces y me agradas, y yo te amor y te deseo. Me avergüenzo de mí mismo y me rechazo para escogerte a ti y no agradar ni ati ni a mí sino por ti (1). […]
CAPÍTULO III
[…] ¿cómo sabrán que digo la verdad cuando hablo de mí mismo, si nadie sabe lo que pasa en el hombre sino el espíritu del hombre que en él está? (1 Corintios 2,11) […] el conocimiento de sí mismo viene de tu voz que le dice al hombre quién es. Y nadie puede sin mentira conocerse y decir que es falso lo que de sí conoció. […]
CAPÍTULO V
[…] Debo puesconfesar tanto lo que sé cuanto lo que ignoro de mí. Lo que sé, lo sé porque tú me lo iluminas; y lo que de mí ignoro seguiré sin saberlo hasta que mis tinieblas se vuelvan como el mediodía en tu presencia.
CAPÍTULO VI
Cierto estoy y ninguna duda me cabe, Señor de que te amo. […] El cielo y la tierra con todo lo que contienen me dicen que te ame; ya todos se lo dicen tan claro, que si no teaman no pueden disculparse. Tú compadecerás más altamente a quien ya compadeciste y le concederás tu misericordia a quien ya se la concediste, porque si así no fuera los cielos y la tierra cantarían tus alabanzas ante un mundo de sordos. […]
¿Y qué es amar a Dios? Le pregunté a la tierra, y me dijo: «No soy Dios»; y todas las cosas que hay en ella confesaron lo mismo. Interrogué al mar y a losabismos y a los reptiles y otros seres animados, y me respondieron: «No somos tu Dios, busca por encima de nosotros.» Pregunté entonces a las suaves brisas; y el aire con sus habitantes me dijeron: «Anaxímenes se engaña, no somos Dios.» Pregunté luego al sol, a la luna y a las estrellas, y a coro me dijeron: «No somos el Dios que andas buscando.»
Y a todas las cosas que están en torno de las puertasde mis sentidos les dije: «Todas vosotras habéis proclamado que no sois mi Dios; bien está. Pero, ¿qué me podéis decir acerca de él?» Y todas respondieron clamando en alta voz: «Él nos hizo.» Yo las interrogaba con mi contemplación; ellas me contestaban con su hermosura.
Entonces me volví a mí mismo (2) y me pregunté: «¿Y tú, quién eres?.» Y contesté: «Soy un hombre, y tengo un cuerpo que mira alexterior y un alma que está en mi interior.» ¿En cuál de los dos debí buscar a Dios, a quien anduve buscando con mi cuerpo por toda la tierra y por el cielo hasta donde pudieron llegar investigando los rayos de mis ojos? Pero la parte mayor del hombre es, a no dudarlo, la parte interior. Y a mí […] me anunciaban mis sentidos corporales: «No somos Dios, sino que él nos creó.» El hombre interior enmí fue quien conoció esto a través del servicio del hombre exterior, y sus sentidos.
De esta manera, pues, interrogué a toda la ingente máquina del mundo, y su respuesta siempre fue: «No soy Dios, él me hizo.»
Y bien: ¿no es verdad, acaso, que todo hombre que goza de la integridad de sus sentidos puede percibir por su medio el testimonio de toda esta belleza? ¿Por qué, entonces, no todos hablande la misma manera? Los animales, los grandes y los pequeños, ven la belleza del mundo pero no la pueden interrogar porque carecen de una razón que pueda juzgar sobre el testimonio de sus sentidos. Pero los hombres sí pueden hacer interrogaciones y conocer al Dios invisible partiendo de la inteligencia de las cosas visibles (Rom. 1,20). Pero un amor desordenado a las criaturas los mantiene sujetosa ellas; y así sometidos no pueden juzgar. Las cosas del mundo no responden sino cuando es un juez quien las interroga, y no cambian nunca su voz, que es su hermosura. […] las cosas les hablan lo mismo a todos los hombres; pero sólo las entienden los que comparan el anuncio venido de afuera con la luz interior de la verdad. Porque la verdad que alumbra mi razón me dice que mi Dios no es el...
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