Resumen

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  • Publicado : 26 de mayo de 2011
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El libro entero
PRIMERA PARTE
 
EL FUTURO ANTERIOR
 
Homenaje al lector apresurado. - Una dimisión en 1875. - Los pájaros de mal agüero. - Cómo el siglo XIX cerraba las puertas. - El fin de las ciencias y la represión de lo fantástico. - El desespero de Poincaré. - Somos nuestros propios abuelos. - ¡Juventud! ¡Juventud!
 
¿Cómo es posible que, hoy en día, un hombre inteligente no tengaprisa? «¡Levántese, caballero, pues tiene grandes cosas que hacer!» Pero cada vez hay que levantarse más temprano. Aceleren sus máquinas de ver, de oír, de pensar, de recordar, de imaginar. Nuestro mejor lector, el más caro a nuestros ojos, habrá terminado con nosotros en dos o tres horas. Conozco algunos hombres que leen, con el máximo de provecho, cien páginas de matemáticas, de filosofía, deHistoria o de arqueología en veinte minutos. Los actores aprenden a «situar» su voz. ¿Quién nos enseñará a «situar» nuestra atención? Hay una altura a partir de la cual todo cambia de velocidad. No soy, en esta obra, uno de esos escritores que pretenden, meciéndole, conservar a su lado al lector el mayor tiempo posible. Nada para el sueño, todo para la vigilia. Vamos, pronto, ¡tomen y márchense! Fuerales esperan otras preocupaciones. En caso necesario, sáltense capítulos, empiecen por donde les plazca, lean en diagonal: éste es un instrumento para múltiples usos, como los cuchillos de los excursionistas. Por ejemplo, si temen llegar demasiado tarde al meollo del asunto que les interesa, salten estas primeras páginas. Sepan solamente que en ellas se explica cómo el siglo XIX había cerrado suspuertas a la realidad fantástica del hombre, del mundo, del Universo; cómo el siglo XX ha vuelto a abrirlas, aunque nuestra moral, nuestra filosofía y nuestra sociología, que deberían ser contemporáneas del futuro, no lo son en modo alguno y permanecen aferradas a este anticuado siglo XIX. No se ha tendido aún el puente entre el tiempo de los trabucos y el de los cohetes, aunque se piensa en ello.Escribimos para que se piense más aún. Como tenemos prisa, no lloramos sobre el pasado, sino sobre el presente, y lloramos de impaciencia. Eso es todo. Ya saben lo bastante para hojear deprisa este comienzo y pasar, si quieren, más adelante.
 
 
La Historia no ha conservado su nombre, y es una lástima. Era director del Patent Office americano, y fue él quien tocó a zafarrancho. En 1875 envió sudimisión al Secretario de Estado para el Comercio. ¿Por qué seguir?, decía en sustancia; ya no queda nada que inventar.
Doce años después, en 1887, el gran químico Marcellin Berthelot escribía: «De ahora en adelante, el Universo no tiene ya misterios.» Para obtener una imagen coherente del mundo, la ciencia había despejado la plaza. La perfección por la omisión. La materia estaba constituida porcierto número de elementos imposibles de transformar unos en otros. Pero, mientras Berthelot rechazaba en su sabia obra los sueños alquimistas, los elementos, que nada sabían de ello, seguían transmutándose bajo el efecto de la radiactividad natural. En 1852, Reichenbach había expuesto el fenómeno, que había sido inmediatamente rechazado. Trabajos realizados en 1870 evocan «un cuarto estado de lamateria» comprobado con ocasión de la descarga de los gases. Pero había que reprimir todo misterio. Represión: ésta es la palabra. La idea del siglo XIX puede someterse a psicoanálisis.
Un alemán llamado Zeppelin, de vuelta a su tierra después de haber combatido en las filas sudistas, trató de interesar a los industriales en la dirección de globos. «¡Desgraciado! ¿No sabe que hay tres temassobre los cuales la Academia de Ciencias francesa no admite discusión? Son la cuadratura del círculo, el túnel bajo la Mancha y los globos dirigidos.» Otro alemán, Hermán Gaswindt, proponía la construcción de máquinas volantes más pesadas que el aire, propulsadas por cohetes. El ministro de la Guerra alemán, después de haber consultado a los técnicos, escribió sobre el quinto manuscrito: «¿Cuándo...
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