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TOMÁS GUILLERMO SANTILLANA CANTELLA

HISTORIA DE UNA TRAICIÓN IMPUNE

LIMA 2010




LA PRODICIÓN
Y
EL PRODITOR


DEDICATORIA

Al doctor Jesús Valentín Coquis

Ç

PROLOGO

El doctor en Historia, Tomás Guillermo Santillana Cantella, viejo amigo mío, me ha pedido que prologue su libro“Historia de una Traición Impune”, lo cual realizo con toda satisfacción habida cuenta que es la primera vez que un historiador peruano, tras el análisis minucioso de las fuentes históricas, emite un pronunciamiento de valor sobre la materia de su investigación con solercia y valentía.
Hay muchas cosas que la historia oficial no ha permitido conocer en su integridad y trascendencia. El doctor Santillananos ayuda a redescubrirlas y aquilatarlas en toda su magnitud y proyecciones. Tal es el caso, por ejemplo, de las asonadas, conspiraciones, complots, disturbios, motines y montoneras que Piérola desató contra el régimen legalmente constituido, sobre todo a partir del Manifiesto de Limache, (Centro de Chile), del 20 de agosto de 1875, en el cual esboza la teoría de la revolución necesaria contra elpaís oficial y sus dirigentes, “con el fin de liquidarlo para levantar el sólido y grandioso edificio del porvenir”, alienada dialéctica de la captura del poder bajo cuyo disfraz, como afirma el autor, “pretendió ocultar traidoras connivencias”.
Se da también el caso de la casi obligada ceguera registrada en las historias generales, por la cual, sin el examen meditado de obras como las de Caivano,Paz Soldán y Vargas Ugarte, no repararon en que el cargo formulado por Ricardo Palma a Manuel Atanasio Fuentes, en el sentido “que servir a Chile es haber trabajado con el tesón que él ha empleado, sembrando la anarquía entre la familia peruana”, pesa enormemente sobre los hombros de Nicolás de Piérola.
Mariano Ignacio Prado calificó al caudillo en los términos más duros, en su Manifiestofechado en Nueva York el 26 de junio de 1880, “como ministro, como traidor a mano armada contra el mismo gobierno al que pidió servicio, y contra la patria comprometida en guerra exterior”. Así respondió Prado a una de las primeras medidas de la dictadura pierolista, que lo declaró traidor a la patria, cosa que mereció la condena inapelable del R.P. Rubén Vargas Ugarte: “La historia no puede menos querepudiar esta declaración y más bien tiene que hacer cargo de ella al jefe de la revolución”.
Así, en un desfile de verdades inconcusas, vemos eso sí, que el asalto del poder en plena guerra internacional, melló gravemente los recursos defensivos de la nación, patentando un ejército sin unidad de mando y de táctica, con el agravante de haber relegado al olvido al ejército del sur, lo cual de suyorepresenta por si solo un caso de alta traición.
Y que decir del Contrato Dreyfus de 1869 y de los decretos de 1871 y 1872; y de las 312,900 libras esterlinas que al decir de José María Quimper, el ex ministro de Hacienda de Prado, estaban disponibles para la compra de blindados y de armamento de última generación; aparte de los 380’493,293 soles oro del presupuesto nacional que Piérola gastó enun año, “en poco o ningún provecho para el país”, a razón de 1’000,000 diarios. Acaso ¿No merece este despilfarro el calificativo de alta traición a la patria?
Por otra parte, el autor nos recuerda los calculados yerros cometidos por el dictador a favor de las armas chilenas, en las batallas de San Juan y Miraflores, cuyos pormenores los divulgó Dellepiane, sin merecer hasta la fecha la sanciónque la posteridad está en la obligación de aplicar al gran culpable en nombre de la dignidad, del honor y de la moral del Perú y de los peruanos.
En tal sentido, con su notable trabajo cimentado en las bases rivaguerinas de “verdad, tradición y patria”, el autor se hace eco de la enérgica reclamación formulada por el ilustre historiador arequipeño, Mariano Felipe Paz Soldán, quien clama por...
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