Riquezas de esta mundo

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 7 (1524 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 24 de junio de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
LAS RIQUEZAS DE ESTE MUNDO
Los animales ¿son ricos o pobres? No parece que ese problema les interese demasiado, a pesar
de lo que pueden dar a entender fabulillas demasiado antropomórficas como aquella de la cigarra y
la hormiga. Los animales tienen necesidades que atender: comida, cobijo, procreación, defensa
contra sus enemigos... A veces logran satisfacerlas convenientemente y en otroscasos fracasan: si
este fracaso es demasiado grave o muy prolongado lo más probable es que mueran, por lo cual
todos los bichos son extremadamente diligentes en procurarse lo que necesitan. Además, tienen
ideas muy claras sobre lo que les hace falta: pueden equivocarse al buscarlo, pero nunca se
equivocan en lo que tienen que buscar. Tienen más bien pocos caprichos y desde luego no fantaseannunca. Cuando ya han cubierto sus necesidades, los animales disfrutan y descansan; no se dedican a
inventar necesidades nuevas ni más sofisticadas que aquellas para las que están «programados»
naturalmente (me refiero, claro está, a los animales en su estado salvaje, no a los que han sido más o
menos «civilizados» por el hombre). Llamar «ricos» a los animales que satisfacen sus necesidades y«pobres» a los que no lo consiguen parece un poco exagerado pero, en fin, a tu gusto lo dejo...
El caso de los humanos es bastante diferente, supongo que estarás de acuerdo conmigo. La gran
diferencia consiste en que los humanos no sabemos lo que necesitamos. Es decir: desde un punto de
vista estrictamente zoológico, sabemos que necesitamos comida, cobijo, procreación, defensa y el
resto de esascosas que también requieren otros mamíferos semejantes a nosotros. Pero cada una de
esas necesidades básicas nos la representamos acompañada de requisitos exquisitos que la
complican hasta el punto de hacerla casi infinita, insaciable: ahora queremos comer, luego
queremos comer tal o cual cosa, después estamos dispuestos a jugarnos la vida para comer
precisamente aquello que consideramos másdigno de ser comido por nosotros, de vez en cuando
nos ponemos a dieta o hacemos huelga de hambre; primero nos cobijamos bajo una roca, luego en
una cueva, más tarde en lo alto de un árbol, después construimos empalizadas, fortalezas,
rascacielos... De las complejidades sucesivas que nos ha traído la reproducción sexual, para qué voy
a contarte. Cuando un animal satisface una necesidad, la dejade lado hasta que vuelva a presentarse
su urgencia: nosotros seguimos teniéndola presente y nos ponemos a pensar sobre cómo satisfacerla
más y mejor. Los animales buscan, nosotros somos rebuscados. Cada necesidad es lo que es (física,
zoológicamente) pero también es todo lo que nosotros queremos que sea, lo que queremos que
llegue a ser: de modo que cada necesidad satisfecha no produce sóloalivio y reposo, sino también
inquietud, afán de más y mejor, siempre más y mejor. Antes te he dicho que el problema es que los
hombres no sabemos lo que necesitamos; me refiero a que no sabemos lo que necesitamos porque
no sabemos lo que queremos. Y «querer», para los humanos, es la primera y más imprevisible de las
41
F e r n a n d o S a v a t e r P o l í t i c a p a r a A m a d o rnecesidades. Permíteme un poco de gimnasia dialéctica: los animales quieren (es decir, apetecen
según sus necesidades) porque viven, mientras que los hombres vivimos... porque queremos.
Este vivir para querer en lugar de querer para vivir (como los animales) nos ha traído a los
humanos muchísimas complicaciones: al conjunto de todas esas complicaciones le damos el nombre
de cultura y, poniéndonos mássoberbiamente modernos, civilización. No me preguntes si cultura y
civilización son buenas o malas; no me preguntes si estaríamos mejor viviendo según nuestras
necesidades naturales, como los demás bichos. Soy de los que piensan que lo «natural» entre los
humanos es producir cultura y civilización. Pero hay discrepantes cuya opinión es mucho más
importante que la mía. En el siglo XVIII el...
tracking img