Romeo y julieta

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Acto Segundo
Escena Sexta
La Celda de Fray Lorenzo

Fray Lorenzo: ¡Plegue al cielo bendecir con una sonrisa este contrato sagrado, y presérvenos de tener que arrepentirnos luego!
Romeo: ¡Atienda el cielo ese ruego! Pero aunque vinieran juntos todos los disgustos, nunca equilibrarían la alegría que me causa el verla un solo momento. Unidos nuestras manos al son de las palabras sagradas, yhaga luego cuanto osare la muerte, que devora el amor; me basta con haber podido llamas mía a Julieta.
Fray Lorenzo: Tan violentos arrebatos tienen un fin violento en medio de su triunfo, como la pólvora y el fuego, que en un mismo instante se unen y se separan. La más dulce miel cansa por su delicioso sabor, y con los placeres del paladar se pierde el apetito. Amad, pues, con moderación, que asíson largos los amores: el que va demasiado aprisa llega tan tarde como el que camina demasiado lentamente. (Entra Julieta). He aquí la dama ¡oh! Tan ligero pie nunca gastara estas inalterables losas. Creo que una amante se sostendría en las alas de la mariposa que revolotea en verano por los espacios aéreos, por lo muy ligera que el amor la vuelve.
Julieta: ¡Salud a mi venerable confesor!
FrayLorenzo: Hija mía, Romeo te dará las gracias por los dos
Julieta: Yo he de darle a el las gracias
Romeo: ¡Ah! Julieta, si la medida de tu alegría esta tan colmada como la mía y tienes mas talento que yo para describirla, perfumada con tu aliento el aire que nos rodea, y despliegue la brillante armonía de tu voz las imágenes de la felicidad que mutuamente recibimos y nos damos en tan adorableentrevista.
Julieta: Hay ideas mas ricas de fondo que de palabras. Pero es tal el exceso de fortuna a que ha ascendido mi sincero amor, que no podría yo contar ni hasta la mitad el valor de mis riquezas.
Fray Lorenzo: Venid conmigo y pronto concluiremos: porque, con vuestro permiso, no os quedareis solos hasta que la santa Iglesia os haya incorporado el uno al otro.
(Se van)

Acto Tercero
EscenaPrimera
Plaza Pública

Benvolio: Te ruego que nos retiremos, querido Mercuccio. El día es caluroso, los Capuleto están fuera, y si llegamos a encontrarlos, no podremos evitar la riña, porque con estos calores la sangre hierve con furia.
Mercuccio: Eres de aquellos que cuando traspasan el umbral de un bodegón pegan con la espada en la mesa diciendo: “Quiera Dios que no te necesite”, y antes devaciar la segunda copa, esgrimen el acero contra el mozo cuando menos hace falta.
Benvolio: ¿Tan pendenciero soy?
Mercuccio: Cuando te da por reñir, no hay otro mas camorrista en toda Italia, ni que mas pronto se enfade ni que tenga mas malas pugnas
Benvolio: ¿Y que más?
Mercuccio: Que si hubiera dos como tu, pronto quedaría ninguno, pues se matarían uno a otro. Tú disputarías con cualquierapor si tiene en la barba un pelo mas o menos que tu. Eres capaz de reñir con un hombre si le ves cascando nueces, no por mas razón que la de tener tu los ojos color avellana. ¿Qué ojos sino los tuyos verían en eso motivo de querella? Mas quimera encierra tu cráneo que sustancia contiene en huevo; y no escarmientas, y eso que por reñir te han puesto la cabeza mas blanda que una yema. Cierto díapeleaste con uno porque tosió en la calle y despertó a tu perro que dormía al sol. ¿No reñiste con un sastre por el loso hecho de estrenar su chupa antes de pascua? Y con otro te querellaste porque llevaba zapatos nuevos con cinta vieja. ¡Y ahora vienes a aconsejarme que no riña!
Benvolio: Si fuera tan camorrista como tu, ¿Quién me aseguraría la visa ni por media hora?
Mercuccio: ¿Asegurarte la vida?¡Que tonto!
Benvolio: ¡Cielos! Ahí vienen los Capuleto.
(Entran Teobaldo y otros)
Mercuccio: Me importa un bledo
Teobaldo: Seguidme de cerca, que voy a hablarles… ¡Salud, caballeros! Desearía hablar dos palabras con alguno de vosotros
Mercuccio: ¿Nada mas que dos palabras con uno de nosotros? Y aunque a mas de las palabras quisierais darnos una estocada.
Teobaldo: Harto dispuesto me...
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