Rugby

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  • Publicado : 27 de abril de 2011
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Yo que jugué al rugby

“Yo que jugué al rugby cada tarde de sábado gris y plomizo. Tardes de linimentos, cardenales, esfuerzo, y sudor. Aún huelo el verde del césped y mi mente se pierde en mil recuerdos. Sé que pronto mis piernas tal vez ya no quieran tantas salidas de tercera, a pesar que mi cabeza siga buscando la cadera del número uno. Del rugby aprendí una valiosa liturgia, útil bagajepara el resto de la vida cotidiana”.

Aprendí que quince empujan más que uno, pero que si uno no empuja, el resto lo nota.

Aprendí a callar, a bajar la cabeza con respeto sin sentirme menos que nadie, a ser honesto, y vaciarme para quedarme lleno. A comprender que por el simple hecho de formar en círculo, abrazando a tus compañeros, repitiendo la palabra humildad, humildad una y otra vez, ya hasvencido; independientemente de que te dejen en cero o no. Aprendí que los pasillos son importantes. Sobre todo cuando has ganado y debes premiar el esfuerzo del otro equipo.

Yo que jugué al rugby, aprendí a saber aceptar sin quejarme; a no resignarme; a trabajar para saber lo que cuesta ganar un metro en silencio, y lo fácil que es perder diez por no saber callar. A respetar las decisiones deuna forma férrea; a aplaudir los errores de mis compañeros, que también son los míos; y sobre todo a levantarme cien veces. Este deporte de rufianes practicado por caballeros, me enseñó valiosas lecciones. Muchas ajenas e incomprendidas a ojos de los no iniciados. A un día después lleno de dolores y magulladuras, feliz y realizado por la entrega, el compromiso, y muchas otras cosas que mi madrenunca entendió. A saber el valor de un áspero polo a rayas; malla del valor y el deber. A un tercer tiempo donde todo lo que queda son anécdotas, abrazos, caballerosidad, camaradería, risas, y un hasta la próxima.

Si alguna vez jugaste al rugby, siempre serás miembro de una familia sin fronteras, con una lengua, un pensamiento, y una visión común. ¿El sitio?, da igual el lugar del mundo, ya nohabrá barreras. Aún cuando lo hayas dejado, las rayas te perseguirán, reconocerás alguna camisa en algún desconocido, y si le preguntas, ¿jugaste al rugby?, al instante estarás compartiendo una cerveza. Y… es que tal vez dejes de ser muchas otras cosas, pero ya siempre serás jugador de rugby frente a la vida.

Los inmortales

8 02 2011
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Hace dos semanas que he vuelto a jugar el rugby. Sí,he vuelto. ¿Motivos? ¿Quién los necesita? Me llamaron mis amigos y yo a mis amigos no les niego una melé. Cosas como ésta no se olvidan: entras y bien pronto te sientes en casa. Y después vienen los dolores, que comunican un sentido de pertenencia. Es como si el cuello, otra vez, fuera mi cuello. O será que, como aquel Alain Bastien, un señor francés que a resultas de un accidente de moto perdióla capacidad neuronal de sentir dolor, también yo extraño metafísicamente la aflicción muscular. El dolor es parte del juego: como el olor de la hierba, el sonido de los tacos en las baldosas o el tacto del balón. El dolor nos advierte. El dolor nos previene. El dolor nos enseña. El dolor, replica Bastien a quienes envidian su excepción, nos hace hombres.
Éstos son mis números: 41 años ysubiendo, 110 minutos de juego (80+30) en dos partidos, una victoria, un empate, una vertebra dorsal bloqueada y una torsión de tobillo con sustitución forzada y prematura. No faltará quien encuentre en la sucesión de incidentes la evidencia estadística de que mi hora ha llegado. Por ejemplo, mi buena madre, que siempre me ha advertido como si hablara para sí misma: “Cualquier día te me devuelven con lacabeza rota”. Esa ternura impagable de los presagios maternales… Me recuerda el día que ensayé el funambulismo sobre la tapia de bordes redondeados de una pista de patinaje, siendo un niño. Al segundo paso perdí pie, salí volando en despreocupada pirueta y aterricé con la cabeza sobre el cemento. Goteando sangre y lágrimas, corrí por el paseo central de Helios al encuentro de mi madre. A mitad de...
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