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  • Publicado : 1 de enero de 2011
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COMENTARIO

Este conmovedor libro es un clásico de la pedagogía y de la sociología italiana de mediados del siglo XX. Escrito con rabia, pero sobre todo con dolor por chicos que habían vivido en su propia carne la injusticia de una escuela clasista, que les dejaba fuera del "sistema", sin darles siquiera el diploma básico obligatorio. Finalmente "salvados" por la escuela de Barbiana, una aldeade las montañas próximas a Florencia, dirigida por un cura, Don Milani, que se hizo célebre en Italia por su tipo de enseñanza y formación, que no excluía a ningún muchacho, que sacaba lo mejor de ellos mismos y les hacia estar orgullosos de su cultura, frente a una escuela funcionarial, anquilosada, incapaz de enseñar, solo de reproducir, que crea seres individualistas, arribistas ydesinteresados de la auténtica cultura, me conmocionó hace casi treinta años y también en este segunda lectura. Si bien el contexto social, político y económico actual en nuestro país no tiene nada que ver con lo que aquí se nos narra, por lo que quizá no es válido para la FAD, es un libro que deberían leer todos los maestros y profesores, como un modo de sacudirse tantas cosas que atan al pasado y que impidenprogresar auténticamente. Un libro para los que aman enseñar, ya que, como estos chicos muy bien dicen con su estilo sencillo pero contundente, "el saber solo existe para darlo".
CAPITULO 0. Presentación
Este libro no se ha escrito para los profesores, sino para los padres. Es una invitación para que se organicen.
A primera vista parece escrito por un solo muchacho. Sin embargo, los autoressomos ocho chicos de la escuela de Barbian. otros compañeros nuestros que están trabajando nos han ayudado los domingos.
Ante todo debemos dar las gracias a nuestro párroco, que nos ha educado, nos ha enseñado las reglas del arte y ha dirigido los trabajos. Después a muchísimos amigos que han colaborado de otras maneras. En la simplificación del texto, a varios padres. En recoger datosestadísticos, a secretarios, profesores, jefes, directores, funcionarios del Ministerio y del Instituto Central de Estadística, párrocos
En otras noticias, a sindicalistas, periodistas, empleados municipales, historiadores, sociólogos, juristas.

CAPITULO 1. La escuela obligatoria no puede hacer repetidores
El libro está configurado como una larga carta -de ahí el título- que unos muchachos escriben a sumaestra, una maestra representativa de un sistema que lleva al fracaso a los chicos pobres, al no tener en cuenta sus especiales características y sus casi insalvables dificultades. "Querida señora: usted ni siquiera se acordará de mi nombre. ¡Se ha cargado a tantos! Yo en cambio, he pensado mucho en usted, en sus compañeros, en esa institución que llamáis escuela, en los chicos que "rechazáis".Nos echáis al campo y a las fábricas y nos olvidáis". Habla de la timidez, que él -la voz en off que se oye a lo largo de todo el libro- creía propia de los montañeses como él pero que también descubre en los obreros de la fábrica y en tantos otros. "La timidez de los pobres es un misterio muy viejo", dice. "Yo que estoy dentro de él no sabría explicárselo. Acaso no sea ni cobardía ni heroísmo.Sólo falta de prepotencia para creerse superior". Habla de los chicos de la montaña, encerrados en una escuela de segunda categoría. Acabada la escuela elemental tenían que dejar los estudios porque en su pueblo no había segunda etapa y además la maestra les había dicho a sus padres: "Mándelo al campo. No sirve para estudiar". La escuela de Barbiana -una escuelita en las montañas, próxima a Florencia-salvó a estos niños, gracias al entusiasmo y la dedicación de un cura, Lorenzo Milani, para el cual ningún niño era "inútil para los estudios". En la escuela de Barbiani no había vacaciones, ni siquiera los domingos, pero los niños sabían que el trabajo fuera era mucho peor. Ir a la escuela era para ellos un privilegio. Los niños enseñaban, los mayores a los pequeños, y al que tenía más...
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