Señor.

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  • Publicado : 19 de enero de 2011
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¡Qué difícil es contar una historia!
Cuando en tus manos tienes algo que contar, pero tu cabeza no tiene la más mínima idea de cómo hacerlo es como estar frente a una escalera que lleva al destino que has toda tu vida deseado, pero que no te atreves a dar el primer paso, y todo por temor a equivocarte y tropezarte en un instante.
Pero en fín, algún día tenía que empezar esto y ese día es hoy.Entiende que con esto sólo es mi deseo expresar lo que siento.

COMO UN ARBOL
Cuando nací?
Si bien sí lo recuerdo me es un tanto vergonzoso el reconocer que a pesar de tantos años no haya encontrado la madurez suficiente para representar lo que en realidad tengo de vida.
Te comento de mis jóvenes raíces, de las cuales me he sentido orgulloso por ser firmes, extensas y fuertes, biennutridas, en ello tuvo mucho que ver la buena y fértil tierra en que fui procreado.

Recuerdo muy bien que crecí notablemente rápido y sí quizá un tanto endeble, pero todo bajo la sombra protectora de mi padre, un árbol de mediano tamaño pero que sus ramas en invierno me cobijaban de la nieve, en intensos veranos cuidaba que el sol no me quemase, y sin embargo la más ligera brisa hacía que su follajede esparciera y los rayos del sol me bañasen en forma benévola, en fin, del frío extremo siempre me cuidó y sólo cuando fue necesario sus ramajes me atizaron recordatorios de la forma de cómo un árbol debe ser.

Fueron pasando los años, y de pronto creía que ya era yo todo un árbol, digno de ser admirado y claro que envidiado, pero esa sombra protectora, también me supo corregir a tiempo,debo reconocer que no fue solo él, lógico que el árbol madre tuvo mucho que ver en mi crecimiento, pero entenderás que es a él a quien más menciono por lo que en un futuro te voy a contar.

Gran altura desarrollé con el paso del tiempo, pero equivocadamente no entendí que lo que yo requería era grandeza de espíritu, me negué a Hermes, ¡ estúpido de mí! , se me dió el líbero arbitrio y lo mallogré llenándome de soberbia y arrogancia, reconozco que el bosque se me hizo insuficiente, indigno de mí, sólo reconocía que la montaña que cuidaba de mi valle era más grande que yo.

Pensaba absurdamente que la fértil tierra tenía la obligación de alimentarme, que el arroyuelo que próximo a mi estaba justificaba su existencia sólo para servirme, el sol y la noche a mi servicio estaban, ya elinvierno no me afectaba, ya los vientos mi tronco no doblegaban.

Siguió pasando el tiempo y observé no con indiferencia pero sí con soberbia que era mas alto, mas fuerte, que el árbol padre, cometí el error de no agradecer su oportuno cobijo y cuando el requirió de mí no lo ayudé.

Así las cosas, gracias a mi belleza se acercó a mí una ardilla, me sedujo con su gracia, su astucia, su gentileza yhoy entiendo que fue la primera ardilla que conocía, por lo menos en ese momento, me fascinó y quedé prendido de su encanto, le dejé horadar en mi tronco su nido.

Disfrutaba tanto su andar sobre mí, el ver como de mis frutos hacía su cosecha para guarecerse del invierno me hacía sentir un ser poderoso, podía ya, darle sustento, casa y felicidad a alguien extraño, ajeno a mí, buscando que tardeo temprano reconociera la importancia que mi existencia tenía en su vida.

Cómo todo gran árbol, tenía la obligación de dejar mi legado, un nuevo árbol debía cubrir el valle y yo me encargaría de ello.

Poco tiempo pasó para que observase cómo del verde musgo se asomaba tímidamente un retoño mío, ¡Qué felicidad!

Ya me había realizado, era fuerte, grande, protector y generador de vida, miexistencia era más que perfecta.

¡ Qué patético pensamiento !

Un día de tantos, cuando giré mi tronco a ver a mi alrededor, descubrí que el árbol padre ya no estaba.

Busqué por todos lados, miré hacia arriba, al valle y a la montaña, la angustia me debilitaba y mi tronco tembló enormemente, me dí cuenta ese día de todo lo que no le dije, de todo lo que no le agradecí, y lo peor, me dí...
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