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Aprende a orar | sección
Habla con Dios | categoría
Retiro Espiritual | tema |
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Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
7o. Plática |
Misericordia Divina. Hay que aprender a confiar en que Cristo nos ama. |
  |Cristo te invita a mirar hacia adelante, a mirar el futuro de tu vida con una gran esperanza, porque tú eres un santo en potencia, eres un gran apóstol en potencia. Se puede, con Cristo se puede, y Él lo sabe muy bien. Hace falta querer, y ¿es tan difícil querer? ¿Y el pasado? El pasado déjalo en paz.

Reúne todas tus fuerzas y ponte a trabajar como en tus mejores tiempos. Todos hemos tenidobuenos tiempos, y lo grande de nuestra vida es saber reeditar esos buenos tiempos. No mirarse tanto a sí mismo. Decía San Pedro: “He estado toda la noche pescando o tratando de pescar, y no ha salido ni un pez, pero en tu nombre echaré las redes”. Y ya sabemos el resultado: se llenaron las redes y la barca de Pedro y de sus amigos casi se hundían por la pesca.

Hay que aprender a confiar en queCristo nos ama. Sabemos hacer muchas cosas en la vida, pero qué poco sabemos confiar en Dios. Todo comienza si tú quieres, todo vuelve a empezar con la fuerza, la firmeza y con la frescura del primer amor.

Cristo siempre nos da una nueva oportunidad. Cristo nunca se cansará de nosotros. Nunca confiaremos lo suficiente y, menos aún, nos pasaremos de esa confianza.

Vamos a ver ahora eso enacción en el Evangelio contemplando una de las páginas maravillosas de ese libro.

Recordemos en primer lugar la parábola del Hijo Pródigo. Lo que hace el Padre y lo que hace el hijo. El hijo menor, un día malo, un día en que realmente no pensó como debía, fue a pedirle a su padre la parte de la herencia que le correspondía, y el padre les repartió a los dos hermanos la herencia.

Y, con unaalegría muy honda pero también mala, reunió todo lo suyo y se largó. Se fue de casa con los bolsillos repletos, la cabeza llena de ilusiones y sintiéndose liberado, liberado de la obediencia a su padre, y diciendo: “Soy el rey, soy amo de mi vida, y voy a hacer lo que yo quiera”.

Y efectivamente, se dedicó inmediatamente a despilfarrar, a disfrutar, a gastar dinero con otros amigos -habría quever qué amigos- y con otras amigas. De esta forma, en poco tiempo se quedó con el bolsillo vacío. Este bolsillo vacío fue el que le hizo tomar decisiones que nunca imaginó que habría de tomar. “¡Tengo hambre, tengo que trabajar si quiero comer!” Y fue a pedir trabajo. El trabajo que le ofrecieron fue realmente humillante; lo mandaron a cuidar cerdos. Dice textualmente el Evangelio que deseaba llenarsu estómago con las bellotas que comían los cerdos, y nadie se las quería dar. Y así, un día y otro, con la cara triste y el alma llena de amargura, con el estómago vacío. En esa situación humillante encontró la iluminación. Encontró aquella decisión costosísima pero que le salvó la vida. Empezó a recordar cómo en la casa de su padre vivían todos con abundancia, incluso los trabajadores. Y pensó:“¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo me muero de hambre aquí! Volveré a mi Padre y le diré: Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, pero admíteme por lo menos entre tus jornaleros”. Y así, un día, empujado por la necesidad y la nostalgia, tomó la decisión de regresar.

Le costó muchísimo, era muy dolorosa aquella llegada, aquel dejar todo lo que habíasoñado, regresar triste, casi con lo puesto, los bolsillos vacíos. Y, cuando esta llegando a la casa, sucedió lo siguiente: El padre lo vio y, conmovido por un amor extraordinario, corrió a su encuentro. El otro empezó su discursito, pero el padre casi no le oía, simplemente lo abrazaba, lo besaba. Se dio cuenta de cómo venía: descalzo, sucio, roto; y dijo a sus criados: “¡Pronto, tráiganle un vestido...
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