Sentido de la vida

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EN BUSQUEDA DEL SENTIDO DE LA VIDA
LLANO CIFUENTES RAFAEL

Capítulo I - EN BUSCA DE UN SENTIDO
¿Cuántas veces el hombre -como tantos lo han hecho-desde Platón a Bergson se habrá forulado a sí mismo esta pregunta eterna: «quién soy yo, de dónde vengo, a dónde voy»? ¿Cuántas veces, consciente o inconscientemente, cada uno de nosotros se habrá interrogado: «¿para qué trabajo?». «¿Para quéestudio?». «¿Para qué me canso y me preocupo?». Y quizá, de respuesta en respuesta, llegamos al fin a indagar: «¿Para qué vivo?». «¿Cuál es la motivación fundamental de mi vida, el motor que, en última instancia, impulsa mi comportamiento?». «¿Cuál es, finalmente, la razón última que conduce mi vida, la más íntima, aquella que se corresponde con mi más profunda identidad, la que llega al centro de miser?».
La pregunta de un enfermo ruso
Alexander Solzhenitsin, premio Nobel de Literatura, en su libro Pabellón de cancerosos, pone estas mismas interrogaciones en los labios de un grupo de enfermos reunidos en la sala de un hospital ruso, pretendiendo con ello, sin duda, expresar a través de ellas no ya las opiniones concretas de una pequeña colectividad, sino las opiniones, perplejidades yangustias de la humanidad entera.
Uno de los pacientes, Efrén Poduiev, encontró en un libro de Tolstoi una pregunta de fondo: «¿Para qué viven los hombres?». Sin saber exactamente por qué, aquello le impresionó, y, alzando la voz, exclama:
-«Veamos quién de ustedes me responde: ¿Qué es lo que les hace vivir a los hombres? ¿No les parece una buena pregunta?».
Las respuestas se sucedieron unas aotras, definiendo la personalidad de cada enfermo. Algunas de ellas eran de un primarismo desconcertante: «El aire, el agua, y luego el alimento, eso le es suficiente al hombre para vivir», opi-naba Dionka, un joven estudiante. «Con el salario basta», respondió Torgum, el enfermero.
Ante esta sucesión de ideas tan elementales comenzó Efrén a desanimarse: le parecía que su pregunta no podía serrespondida de manera tan mediocre. Comprendía, en aquel momento, que la pregunta encerraba el enigma fundamental de su vida: allí en el hospital tenían aire, comida, todas las necesidades materiales satisfechas y, sin embargo, pensaba que sus vidas no tenían ningún sentido. No, no valía la pena vivir así -¿todo era tan monótono, tan inútil!-, a no ser que hubiese un motivo más profundo, en el cualhasta entonces nunca había pensado, perdido como estaba en la maraña de sus preocupaciones cotidianas.
Vadim, un geólogo que tenía la intención de terminar su tesis doctoral en su lecho de enfermo, cortó abruptamente los pensamientos de Efrén: «Creo que ya tengo la solución: El hombre vive para crear».
Tales palabras fueron proferidas con decisión; sin embargo, allá en lo íntimo -pondera elautor-, «otras realidades que sombríamente se le proyectaban en el alma le hablaban de la muerte agazapada ya en su estómago canceroso, de la pantera de la muerte velando cerca de su cama, dispuesta a dar el salto fatal... ¿Qué podía, entonces, crear él? ¿Y crear para qué? ¿Qué resultados le vendrían de su limitada producción intelectual? Él, con solo veintisiete años, no quería morir. La idea de laeternidad se le había instalado firmemente en el cerebro: no eran solo cien años los que deseaba vivir; ¡deseaba vivir para siempre!... Pero el pensamiento de la muerte traía consigo toneladas de espanto... Y también una niebla invisible, pero densa y pesada, que le tomaba, que le invadía por entero, que le oprimía en algún punto, allí en el fondo de su pecho. Y sentía esa depresión indefinida,resultante de la falta de un sentido para la vida. Esa sorprendente depresión que entonces estaba experimentando, la vino a reafirmar la opinión de Oreshenkov, uno de los filósofos rusos que por entonces leía: la opinión de que el hombre moderno se ve del todo inerme ante la muerte, enteramente desarmado para enfrentarse a ella».
Estas elucubraciones interiores fueron, no obstante, interrumpidas...
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