Si claro

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CAPÍTULO XXII.— ¿Renunciarán al azúcar(...)?
Es el capítulo final. En él se hace un parangón entre el plan comunista en la Unión Soviética y los diversos planes de laeconomía en los países capitalistas. Se anota que, por el excesivo respeto a la propiedad privada —que parece siempre intocable— y el deseo siempre insatisfecho deganancias, todos los planes fracasan en el mundo occidental, ya que es imposible dar gusto a todos los intereses económicos de cada sector industrial y comercial. Cuenta menosel bienestar de los pobres que el interés de ganancia de los ricos. Por eso los planes capitalistas incluyen la destrucción de cosechas, antes que repartir los sobrantesentre los necesitados.
Como el pueblo no puede aceptar esta situación, el mundo capitalista tiene que recurrir permanentemente a la represión, y acaba por caer,inexorablemente, en el fascismo de corte mussoliniano o hitleriano. Y, con ellos, el flagelo mayor, para el cual parecen estar siempre preparados los fascistas: la guerra.
Conuna moraleja termina el libro, tomada de la historia de Arthur Morgan, acerca de cómo se capturan los monos en las Indias orientales: «Los nativos toman un coco y hacen, enla corteza, un agujero lo bastante grande, nada más para que la mano vacía del mono pase a través. Colocan en el interior unos terrones de azúcar. Después atan el coco aun árbol. El mono desliza su mano dentro del coco, agarra el azúcar e inmediatamente pretende retirar la mano. Pero el agujero no es lo bastante grande para que el puñocerrado del simio, con los terrones, pueda salir; como la gula del animal no tiene límites, ¡prefiere morir con la mano presa en el coco a renunciar al azúcar!» (p. 404).
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