Sobre el contrato

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Sobre el Contrato Original

David Hume
Tomado de Ensayos Políticos, Herrero Hermanos, Suc., S. A. México, 1965, p. 47-68. Con omisiones.
Como ningún partido, en la época actual, puede sostenerse a sí mismo sin llevar anexo a su sistema político o práctico uno de carácter filosófico o especulativo, encontramos, en consecuencia, que cada una de las facciones en las que esta nación se encuentradividida ha levantado una estructura conceptual de la clase mencionada a fin de proteger y abrigar el plan de acciones que persigue. Y como la gente, muy frecuentemente, es constructora por demás ruda, especialmente en la cosas de especulación, y más especialmente aun cuando está impulsada por el celo de partido, es natural imaginarse que su obra tendrá que ser un tanto disforme y enseñará marcasevidentes de la prisa y violencia con que fue levantada. Uno de los partidos, al remontar los orígenes del gobierno hasta la Divinidad, se esfuerza por hacerlo tan sagrado e inviolable que debe ser poco menos que sacrilegio, por más tiránico que pueda volverse, tocarlo o cambiarlo en la menor cosa. El otro partido, al fundar al gobierno, totalmente, en el consentimiento del pueblo, supone que hayuna suerte de contrato original por el cual los súbditos se han reservado tácitamente la facultad de hacer resistencia a su soberano cada vez que se consideren agraviados por esa autoridad que han depositado en él, para ciertos fines, voluntariamente. Estos son los principios especulativos de los dos partidos, y estás, también, son las consecuencias prácticas que se deducen de ellos.
Me atreveráa afirmar que estos dos sistemas de principios especulativos son injustos, aunque no en el sentido en que lo entienden los partidos; y que los dos sistemas de consecuencias prácticas son prudentes, aunque no hasta el extremo a que cada partido, en oposición al otro, se ha esforzado comúnmente por llevarlos.

Que la Divinidad es el autor último de todo gobierno, no será negado jamás por nadieque reconozca la existencia de una providencia general y acepte que todos los acontecimientos del universo tienen lugar conforme a un plan uniforme y están orientados a sabios fines. Como es imposible que subsista el género humano, por lo menos en algún estado cómodo o seguro, sin la protección del gobierno, esta institución, si duda alguna, debe haber sido querida por ese Ser benefactor que buscael bien de todas sus criaturas. Y como, de hecho, universalmente ha tenido lugar en todos los países y todas las edades, podemos sacar en conclusión, con certidumbre todavía mayor, que fue querido por ese Ser omnisciente al que ningún suceso o acción puede engañar. Pero, puesto que dio origen a él no por medio de alguna imperfección particular o milagrosa, sino a través de su oculta y universaleficacia, a un soberano, hablando con propiedad, no se le puede llamar su vicegerente más que en el sentido de que todo poder o fuerza, por estar derivado de él, puede decirse que actúa por su encargo. Lo que ocurre realmente está comprendido en el plan o la intención generales de la Providencia. Y en lo tocante a eso el más grande y legítimo de los príncipes no tiene más razón, para reclamar unpeculiar carácter sagrado o una autoridad inviolable que un magistrado inferior, o inclusive que un usurpador, o aun que un ladrón o un pirata. El mismo Superintendente Divino que, con sabios fines, invistió a Tito y a Trajano de autoridad, con fines sin duda igualmente sabios, aunque desconocido, dio poder a un Borgia o a un Angria. Las mismas causas que dan origen al poder soberano en todo estadoestablecieron, de igual modo. Toda jurisdicción menor en él, y toda autoridad limitada. Un alguacil, por lo tanto, no menos que un rey, actúa por encargo divino y posee un derecho irrevocable.
Cuando consideramos hasta qué punto los hombres, en su fuerza corporal son casi iguales, y aún por lo que respecta a sus poderes y facultades mentales, hasta que son cultivados por la educación, tenemos que...
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