Solo vengo por tarea, no a darla

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  • Publicado : 19 de octubre de 2010
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En donde el virrey, el visitador y el Padre Salazar se convencen enteramente de que Garatuza era una joya
     Serían las ocho de la noche, y las calles de México, otras veces tan solas a esas horas, estaban llenas de gentes que paseaban y se divertían en solemnidad de la entrada del nuevo virrey.
     En las ventanas y en las puertas había farolillos encendidos; los ricos los habían puesto devidrio y los pobres de papel: en algunas casas el lujo había llegado hasta poner en los balcones guardabrisas de cristal con bujías de cera. En las calles había lumbradas colocadas unas en el suelo y otras sobre un pie derecho de madera con una especie de jaula de hierro en la punta, adonde se ponía a arder la leña: estas lumbradas anunciaban los puestos en donde se vendían frutas, dulces,buñuelos, pato o tamales: la multitud se rodeaba allí de los puestos, y las damas principales no se desdeñaban de acercarse a comprar alguna cosa de las que excitaban su apetito.
     Entre aquella animada muchedumbre, cruzaba a toda prisa un hombre embozado en una gran capa negra, y que se conocía que iba muy preocupado; tomó el rumbo de la calle [73] de Ixtapalapa y siguió su camino hasta más allá dedonde alcanzaba el bullicio y la luz de la fiesta.
     Llegó aquel misterioso paseante hasta la casa del Crucifijo, que conocen nuestros lectores, llamó a la puertecilla, y después de dar las señales convenidas, entró en la casa, dirigiéndose sin vacilar y sin detenerse a la gran sala en que había tenido lugar la junta en que fue presentado Don Leonel.
     El Padre Salazar, completamente solo,escribía, teniendo delante de sí en la mesa una gran cantidad de papeleo.
     Al ruido que hizo el que entraba, el Padre puso instintivamente la mano izquierda sobre los papeles, y sin dejar la pluma colocó la derecha frente a la bujía para que el resplandor de ella no le impidiera descubrir a la persona que llegaba a interrumpirle.
     -Buenos días -dijo el que entraba.
     -Dios losenviará -contestó el Padre sin poder reconocer aún al que le hablaba.
     -Como de costumbre, ¿no me reconocerá usía?
     -¡Ah, Martín! exclamó el Padre después de un detenido examen de su interlocutor.
     -El mismo, aunque perteneciendo ya a la servidumbre de S. E. el Sr. marqués de Cerralvo.
     -¿En la servidumbre del virrey?
     -Precisamente, y quizá, quizá el hombre de su confianza.     -¿Pero cómo...?
     -No es tiempo de referir historias; bástele saber a su Señoría que todo esto lo hago por cumplir con la comisión que me ha dado y en servicio de la buena causa.
     -¿Y qué hay de nuevo?
     -Cosas muy graves y que debéis de saber, porque de ellas quizá depende el éxito de todos nuestros planes. En [74] primer lugar, estoy comisionado y facultado para espiaros y vigilaros.     -¿A mí?
     -A vos precisamente, no; pero a los criollos que conspiran contra la real autoridad.
     -¿Luego sabe el virrey?
     -Sabe que se trama una conspiración entre los hijos de la tierra para alzarse con ella, y sabe que se preparan para dar el grito el día 5 de Noviembre.
     -¿Pero cómo lo sabe?
     -Os lo diré, porque estoy al tanto de todo, y esta era la misión que meencargasteis. El visitador Don Martín Carrillo recibió hoy un anónimo que leyó al virrey y que yo escuché: luego me llamaron, y para inspirarles confianza los denuncié como cosa que yo sabía, lo mismo que había oído leer en el anónimo sin que ellos lo supiesen; de aquí vino el que me comisionaran especialmente para inquirir algo respecto a la conspiración.
     El Padre Salazar reflexionó y luegodijo:
     -¿Y qué piensas contar al virrey ahora?
     -Eso es lo que me ha de decir su señoría.
     El Padre se puso a meditar apoyando su frente en la mano en que tenía la pluma, que aún no había soltado, y luego como inspirado por una idea repentina, cambió la pluma a la mano izquierda y escribió en un pedazo de papel; esperó que se secara, y después lo arrugó entre las dos manos y...
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