Sonrisa etrusca resumen

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José Luis Sampedro
La sonrisa etrusca

Prólogo de Ángeles Caso

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Prólogo
Ángeles Caso

No espere el lector de mí un prólogo demasiado erudito. Si tengo que hablar de José Luis Sampedro, no quiero hacerlo sin recordar cuánto le debo. Porque en los tiempos en los que yo era una de esas escritoras secretas que comenzaba a pensar en la posibilidad de publicar, Sampedro fue uno de losautores a los que tuve la osadía de pedir consejo. A decir verdad, más que consejo, ánimo, que eso es lo que normalmente se busca cuando desde la inexperiencia se acude a alguien consagrado. Lo había conocido -después de disfrutarlo como escritor- haciéndole una entrevista, y fine tal su afabilidad y su simpatía, que me atreví a hacerle llegar un relato -malo, creo ahora- en el que yo sin embargohabía puesto muchas expectativas. Al cabo de unos días, José Luis Sampedro, sampedrianamente, me llamó y quedó conmigo para tomar un café. Aquello fueron más que palabras de ánimo. Fue, lo recuerdo muy bien, uno de los empujones definitivos para lanzarme a mi propia carrera literaria. Mucho más de lo que recibí en parecidas circunstancias de otros escritores, más cercanos, más afines, teóricamente máscolegas. Gentes así, se lo aseguro, no abundan en este mundillo de las letras. Ni en ningún otro, me temo. Comprendan pues ustedes que sólo pueda y quiera- hablar de Sampedro con pasión. Con la de la escritora agradecida y la de la lectora emocionada -de antiguo- por una novela como ésta. Novela de Sampedro, diría yo. Plenamente sampedriana. Bastaría con eso. Porque sólo él podría haber escritoesta historia tan suya, de ternuras y flaquezas humanas y dificiles valentías y prejuicios superados. Suya también en la forma -sin la cual no hay historia que valga la pena-, en esa prosa rápida y vigorosa, eficaz y clara, atravesada a ráfagas por un inevitable arrebato poético. Sampedriano es el protagonista de esta historia, Bruno, ese viejo -no creo que a él le moleste el adjetivo- conscientede su próximo final y, al mismo tiempo, lúcidamente preparado para él. Un hombre que ve cómo su pasado, su mundo partisano, campesino, rudo, se transforma sampedrianamente en un pequeño y cálido paraíso de ternura de la mano de su nieto, Brunettíno. Tan sólo unos meses bastan para que el vieja calabrés acabe preguntándose, dudando de sus recios principios afectivos y encontrando al fin, por mediode nuevas sensaciones hasta entonces desconocidas, una forma distinta de sentir la vida y de querer vivirla. Y el lector -esta-lectora, al menos- no puede evitar pensar que toda esa plenitud, esa lúcida comprensión de los misterios más hondos, esa generosa apertura del espíritu son las del propio autor.

Prólogo

Quizá, quiero creer, haya incluso algo propiamente suyo en ese Bruno negado a lahipocresía y la superficialidad. Un hombre vulgar que delicadamente parece encontrar el valor de la vida que se le escapa en los pequeños detalles: una sonrisa, una brisa leve, un vaso de vino, la belleza de una estatua. Y ocurre así que en ese tiempo anterior a la muerte, dilatado por su espera, cada gesto, cada palabra, cada minuto se hacen trascendentes y progresan hacia un final que el lectordesea prolongar un poco más, un poco más allí, descubriendo un poco más de nostalgia, más curiosidad más vida. Imaginar un final para Bruno sin su nieto, su Brunettino, acaba haciéndosenos imposible. El niño, con su inocencia, consigue sin proponérselo lo que los años y la experiencia no habían logrado: que el abuelo se haga más humano, más hombre -mientras pierde sus arrebatos de virilidad, suestéril preocupación por parecer muy macho- y ala vez mujer, más mujer, que quiera ser abuelo y abuela, que vaya acercándose a la grandeza, abandonándose a los sentimientos, sin importarle las apariencias ni los antiguos prejuicios. Feliz preocupación sampedriana y platónica-, ésa de la fiisión de los viejos sexos separados, a la que ha vuelto en su literatura una y otra vez. Como sampedriano es...
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