Sor juana

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LOS EMPEÑOS DE UNA CASA
Personas que hablan en ella:
Don CARLOS, galán
Don JUAN, galán
Don PEDRO, galán hermano de doña Ana
Don RODRIGO, padre de doña Leonor
Doña LEONOR, dama
Doña ANA, hermana de don Pedro
CELIA, criada de doña Ana
HERNANDO, criado de don Rodrigo
CASTAÑO, lacayo gracioso
Dos EMBOZADOS
Dos Coros de MÚSICA

ACTO PRIMERO
Salen doña ANA y CELIA
ANA: Hasta que vengami hermano,
Celia, le hemos de esperar.
CELIA: Pues eso será velar,
porque él juzga que es temprano
5 la una o las dos; y a mi ver,
aunque es grande ociosidad
viene a decir la verdad,
pues viene al amanecer.
Mas, ¿por qué agora te dio
10 esa gana de esperar,
si te entras siempre a acostar
tú, y le espero sola yo?
ANA: Has de saber, Celia mía,
que aquesta noche ha fïado
15 de mí todosu cuidado;
tanto de mi afecto fía.
Bien sabes tú que él salió
de Madrid dos años ha,
y a Toledo, donde está,
20 a una cobranza llegó,
pensando luego volver,
y así en Madrid me dejó,
donde estando sola yo,
pudiendo ser vista y ver,
25 me vio don Juan y le vi,
y me solicitó amante,
a cuyo pecho constante
atenta correspondí;
cuando, o por no ser tan llano
30 como el pleito se juzgó,
olo cierto, porque no
quería irse mi hermano
—porque vive aquí una dama
de perfecciones tan sumas
35 que dicen que faltan plumas
para alabarla a la Fama,
de la cual enamorado
aunque no correspondido,
por conseguirla perdido
40 en Toledo se ha quedado,
y porque yo no estuviese
sola en la corte sin él,
o porque a su amor crüel
de algún alivio le fuese—
45 dispuso él que venga aquí
avivir yo, que al instante
di cuenta a don Juan, que amante
vino a Toledo tras mí;
fineza a que agradecida
50 toda el alma estar debiera,
si ya ¡ay de mí! no estuviera
del empeño arrepentida,
porque el Amor que es villano
en el trato y la bajeza,
55 se ofende de la fineza.
Pero, volviendo a mi hermano,
sábete que él ha inquirido
con obstinada porfía
qué motivo haber podía
60 para noser admitido;
y hallando que es otro amor,
aunque yo no sé de quién,
sintiendo más que el desdén
que otro gozase el favor
65 —que como este fiero engaño
es envidioso veneno,
se siente el provecho ajeno
mucho más que el propio daño—
sobornando —¡oh vil costumbre
70 que así la razón estraga,
que es tan ciego Amor, que paga
porque le den pesadumbre!—
una crïada que era
de quien ella sefïaba,
75 en el estado que estaba
su amor, con el fin que espera,
y con lo demás que pasa,
supo de la infiel crïada,
que estaba determinada
80 a salirse de su casa
esta noche con su amante;
de que mi hermano furioso,
como a quien está celoso
no hay peligro que le espante,
85 con unos hombres trató
que fingiéndose justicia
—¡mira qué astuta malicia!—
prendan al que la robó,
y que alpasar por aquí
90 al galán y dama bella,
como en depósito, a ella
me la entregasen a mí,
y que luego al apartarse,
como que acaso ellos van
95 descuidados, al galán
den lugar para escaparse,
con lo cual claro es arguye
que él se valdrá de los pies
huyendo, pues piensa que es
100 la justicia de quien huye;
y mi hermano, con la traza
que su amor ha discurrido,
sin riesgo habrá conseguidotraer su dama a su casa,
105 y en ella es bien fácil cosa
galantearla abrasado
sin que él parezca culpado
ni ella pueda estar quejosa,
porque si tanto despecho
110 ella llegase a entender,
visto es que ha de aborrecer
a quien tal daño le ha hecho.
Aquesto que te he contado,
Celia, tengo que esperar;
115 mira ¿cómo puedo entrar
a acostarme sin cuidado?
CELIA: Señora, nada me admira;que en amor no es novedad
que se vista la verdad
120 del color de la mentira,
¿ni quién habrá que se espante
si lo que es, llega a entender,
temeridad de mujer
ni resolución de amante,
125 ni de traidoras crïadas,
que eso en todo el mundo pasa,
y quizá dentro de casa
hay algunas calderadas?
Sólo admirado me han,
130 por las acciones que has hecho,
los indicios que tu pecho
da de...
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