Sushi para principiantes

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Marian Keyes

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SUSHI PARA
PRINCIPIANTES

(SUSHI FOR BEGINNER - 2000)

ÍNDICE

1 3
2 7
3 10
4 14
5 19
6 21
7 28
8 35
9 42
10 47
11 51
12 58
13 64
14 68
15 75
16 80
17 86
18 91
19 93
20 9921 105
22 108
23 116
24 122
25 126
26 131
27 134
28 143
29 149
30 152
31 158
32 165
33 173
34 178
35 183
36 190
37 195
38 202
39 205
40 214
41 222
42 225
43 231
44 234
45 238
46 242
47 246
48 250
49 251
50 254
51 260
52 264
53 26854 274
55 274
56 281
57 289
58 296
59 303
60 307
61 314
62 321
63 328
64 333
65 337
Epílogo 343

1

Desde hacía semanas se respiraba una atmósfera extraña en la revista Femme, una sensación de que algo no funcionaba bien. Finalmente estallaron las especulaciones cuando se confirmó que Calvin Carter, director ejecutivo dela empresa, había sido visto deambulando por el último piso, buscando el lavabo de caballeros. Por lo visto acababa de llegar a Londres procedente de la oficina central, ubicada en Nueva York.

Por fin. Lisa apretó los puños, emocionada. ¡Por fin! Sabía que tarde o temprano llegaría este momento.

Recibió la llamada aquel mismo día. ¿Podía subir un momento a ver a Calvin Carter yal director ejecutivo de la delegación en Gran Bretaña, Barry Hollingsworth?

Lisa colgó bruscamente.

–¡Pues claro! –gritó.

Sus colegas no le prestaron atención. En la redacción de la revista era habitual que la gente colgara el teléfono de un porrazo y se pusiera a gritar. Además, estaban todos atrapados en el Infierno del Día de Cierre: si al anochecer no teníanlisto el número de aquel mes, la impresión se retrasaría y su rival por excelencia, Marie Claire, volvería a adelantárseles. Pero a Lisa ya no le importaba, porque a partir de mañana tendría otro empleo. Tendría un empleo mucho mejor en otro sitio.

Lisa tuvo que esperar veinticinco minutos fuera de la sala de juntas. Al fin y al cabo, Barry y Calvin eran hombres importantes.

–¿Ladejamos entrar ya? –le preguntó Barry a Calvin cuando creyó que ya llevaban un buen rato matando el tiempo.

–Solo hace veinte minutos que la hemos llamado –observó Calvin, malhumorado. Era evidente que Barry Hollingsworth no se había dado cuenta de lo importante que era él, Calvin Carter.

–Lo siento, creía que era más tarde. ¿Por qué no me enseñas otra vez lo que tengo que hacerpara mejorar mi swing?

–Claro. A ver, agacha la cabeza y quédate quieto. ¡Quieto! Los pies firmes, el brazo izquierdo recto. Y ahora, ¡dale!

Cuando finalmente dejaron entrar a Lisa, Barry y Calvin estaban sentados detrás de una mesa de nogal que medía aproximadamente un kilómetro. Su aspecto era intimidante.

–Siéntate, Lisa. –Calvin Carter inclinó con elegancia sucanosa cabeza.

Ella se sentó. Se alisó el cabello de color caramelo, exhibiendo al máximo sus reflejos gratis de color miel. Gratis, porque Lisa nunca se olvidaba de incluir al salón de belleza en la sección «Imprescindibles» de la revista.

Se puso cómoda y cruzó pulcramente los pies, luciendo sus zapatos Patrick Cox. Aquellos zapatos le iban pequeños: a pesar de que había pedidoinfinidad de veces a la oficina de prensa de Patrick Cox que le enviaran el número seis, ellos siempre le enviaban el cinco. De todos modos, unos zapatos de tacón de aguja de Patrick Cox gratis eran unos zapatos de tacón de aguja de Patrick Cox gratis. ¿Qué importancia tenía que le produjeran un dolor insoportable?

–Gracias por venir –dijo Calvin, sonriente.

Lisa decidió...
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