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Un lindo mito griego
 
ECO Y NARCISO 
 
Entre todas las ninfas de la montaña, ninguna había tan encantadora como Eco. Solo tenía un defecto: hablar demasiado. Cacareaba todo el día y cualquieraque fuese el tema ella siempre tenía la última palabra.

Un día que Zeus estaba gozando con las ninfas, apareció de pronto su esposa, Hera. Todas huyeron menos Eco quien, para distraer a la diosa,comenzó a hablar, y habló tanto y de tantas cosas que consiguió entretener y despistar a la diosa, dando tiempo a todas las ninfas para esconderse. Pero apenas se dio cuenta Hera del engaño, montó encólera. 

“No volverás a burlarte nunca más- le dijo a Eco-. Esta lengua tan ágil que tienes perderá su poder. De ahora en adelante no podrás iniciar conversación alguna, ni hacer otra cosa que aquellode lo que ahora estás tan ansiosa: replicar. En verdad vas a tener siempre la última palabra, Eco; pero, solo esto podrás hablar. Nunca más podrás hablar tú la primera”.

Eco comprendió bien prontolo cruel que era aquel castigo. Se enamoró, y para su desgracia, de un joven cazador que no podría amarse más que así mismo. Era Narciso, un joven maravilloso, pero cuya frialdad era tan grande comosu belleza.

Eco vagaba a través de montes y valles en busca de Narciso. ¡Cómo habría deseado hablarle y hacer que se enamorase de ella!

Un día, cuando Narciso estaba de caza, le acontecióalejarse de sus compañeros.

“¿Hay alguien por aquí?”gritó. 

“Por aquí” dijo Eco.

Ante esta extraña respuesta se asombró Narciso y mirando en torno no pudo ver a nadie.

“Acércate”, gritó.Respondió Eco: ¡Acércate!”.

Esperó Narciso, pero no viendo aparecer a nadie, gritó nuevamente.

“¿Por qué estás tan lejos de mí?”

“¡Lejos de mí!”, respondió Eco.

“Estemos juntos”, dijo Narciso.“¡Juntos!”

Y Eco, feliz, se precipitó hacia Narciso con los brazos abiertos, pronta a abrazarlo.

Narciso retrocedió de golpe. “No me toques- gritó- moriría antes que pertenecerte”....
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