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Una desternillante novela sobre el secreto de la felicidad que ya ha hecho reír a un millón de lectores en Alemania. La presentadora de televisión Kim Lange está en el mejor momento de su carrera cuando sufre un accidente y muere aplastada por el lavabo de una estación espacial rusa. En el más allá, Kim se entera de que ha acumulado mal karma a lo largo de su vida: ha engañado a su marido, hadescuidado a su hija y ha amargado a cuantos la rodean. Pronto descubre cuál es su castigo: está en un agujero, tiene dos antenas y seis patas… ¡es una hormiga! Kim no tiene ganas de ir arrastrando migas de pastel. Además, no puede permitir que su marido se consuele con otra. Sólo le queda una salida: acumular buen karma para ascender por la escalera de la reencarnación y volver a ser humana. Pero elcamino para dejar de ser un insecto y convertirse en un ser bípedo es duro y está plagado de contratiempos.

David Safier

Maldito karma
ePUB v1.8
deor6 7 20.04.12

Título: Madito karma David Safier Título original: Mieses Karma Traducción: Lidia Álvarez Grifoll

A Marian, Ben y Daniel: Vosotros sois mi nirvana

CAPÍTULO 1
El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia. Y no sóloporque me muriera. Para ser exactos, eso ocupó como mucho el puesto número seis de los peores momentos del día. En el puesto número cinco se situó el instante en que Lilly me miró con ojos de sueño y me preguntó: —¿Por qué no te quedas en casa, mamá? ¡Hoy es mi cumpleaños! Al oír la pregunta, me vino a la cabeza la respuesta siguiente: «Si hace cinco años hubiera sabido que tu cumpleaños y la entregade los Premios TV coincidirían un día, habría procurado que nacieras antes. ¡Con cesárea!» Pero me limité a decirle a media voz: —Lo siento, tesoro. Lilly se mordisqueó la manga del pijama con tristeza y, como yo no podía aguantar más esa mirada, rápidamente añadí la frase mágica que vuelve a poner una sonrisa en cualquier cara infantil triste: —¿Quieres ver tu regalo de cumpleaños? Yo aún no lohabía visto. Se tuvo que encargar Alex, porque yo, con tanto trabajo, hacía meses que no iba a comprar a ningún sitio. Tampoco lo echaba de menos. No había nada que me pusiera más nerviosa que perder un tiempo precioso en la cola del supermercado. Y las cosas hermosas de la vida, desde ropa hasta zapatos y productos de cosmética, no me hacía falta ir a comprarlas. Me las suministraban amablementelas mejores marcas por ser Kim Lange, la presentadora del programa de televisión de debates más importante de Alemania. La revista Gala me incluía entre las «mujeres mejor vestidas que rondaban los treinta», en tanto que otra gran revista de prensa rosa me definía menos halagadoramente como una «castaña regordeta con cartucheras». Me querellé contra la revista porque yo había prohibido publicarfotos de mi familia. —Aquí tenemos a una preciosa mujercita que quiere su regalo —grité desde casa. Y desde el jardín llegó el eco de una respuesta: —¡Pues esa preciosa mujercita tendrá que venir aquí! Cogí de la mano a mi emocionada hija y le dije: —Anda, ponte las zapatillas. —No quiero ponérmelas —protestó Lilly. —¡Te vas a resfriar! —advertí. Pero ella se limitó a contestar: —Pues ayer no meresfrié. Y tampoco llevaba zapatillas. Y, antes de que hubiera encontrado un argumento razonable contra esa lógica infantil cerrada y obtusa, Lilly ya corría descalza por el jardín, resplandeciente de rocío. La seguí, derrotada y respirando profundamente. Olía a «pronto será primavera» y me alegré por millonésima vez, con una mezcla de perplejidad y orgullo, de poder ofrecerle a mi hija unafantástica casa con un enorme jardín en Postdam, cuando yo me había criado en un bloque de pisos prefabricados de la Alemania del Este. Allí, nuestro jardín apenas lo formaban tres jardineras, plantadas de geranios, pensamientos y colillas. Alex esperaba a Lilly junto a una jaula para conejos que él mismo había montado. A sus treinta y tres años seguía siendo rematadamente atractivo, como una versión en...
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