Tao te king

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www.puntodelectura.com

La Luna Roja

Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz
(Murcia) en 1963. Licenciado en Filología Clá-
sica. Ha publicado libros de relatos y novelas
entre las que destacan Paisaje con río y Bara-
coa de fondo, El canto del zaigú, Academia
Europa, El vuelo de las termitas y Mira si yo te
querré (Premio Alfaguara 2007). También es
autor de las novelas juveniles Lapuerta trasera
del paraíso (Alfaguara Infantil y Juvenil, 2007) y
Rebelión en Nueva Granada (Alfaguara Infantil
y Juvenil, 2008). Su obra está traducida a varios
idiomas. Su última novela es La Luna Roja (2009).

LUIS LEANTE

La Luna Roja

© 2009, Luis Leante
© De esta edición:
2010, Santillana Ediciones Generales, S.L.
Torrelaguna, 60. 28043 Madrid (España)
Teléfono 91 744 90 60www.puntodelectura.com

ISBN: 978-84-663-2388-8
Depósito legal: B-1.899-2010
Impreso en España – Printed in Spain

© Imagen de cubierta: Getty Images

Primera edición: febrero 2010

Impreso por Litografía Rosés, S.A.

Todos los derechos reservados. Esta publicación
no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte,
ni registrada en o transmitida por, un sistema de
recuperación deinformación, en ninguna forma
ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico,
electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia,
o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito
de la editorial.

Te has ido apagando como un eclipse lunar, ence­
rrada en tu propio anillo de luz, como un espectro
surgido del sueño, como una terrible y cegadora luna
roja.

Soy el tenebroso, el viudo, eldesconsolado,
el príncipe de aquitania en la torre abolida:
mi única estrella murió y mi laúd constelado
muestra el negro sol de la melancolía.

gérard de nervaL

1.

Hacía más de once años que no veía a emin ke­
mal. Y sin embargo, mientras bajaba por la rampa del
museo de la Universidad de alicante, no podía quitarme
de la cabeza su mirada de hombre derrotado. Tenía la falsasensación de haberlo visto el día de antes. no podía ima­
ginar que pocas horas después el escritor caería muerto
sobre la alfombra de su estudio, quizás tras una breve ago­
nía, espantado por lo que acababa de ver y oír. no, yo no
podía sospechar entonces lo que iba a suceder esa misma
noche, aunque no dejaba de pensar en él.
Once años antes, en 1997, emin kemal era ya un
hombre que se habíarendido a la vida sin presentar bata­
lla. Su apartamento de la plaza de manila parecía un bar­
co rescatado de un naufragio. Su vivienda estaba llena de
cosas inútiles que se amontonaban en las habitaciones.
Los libros se desbordaban de las estanterías y quedaban
apilados en el suelo de los pasillos, en los asientos, bajo su
mesa de trabajo, a los pies de la cama. Hacía tiempo que el
escritorapenas salía a la calle. Pasaba días enteros en pija­
ma y caminaba de un sitio a otro de la casa arañando las
alfombras con unas pantuflas mugrientas que reforzaban
su imagen decrépita.
en la primavera de 1997, las visitas al apartamento
del escritor turco me resultaban cada vez más costosas. me
marchaba cada día con una inexplicable amargura, con la
sensación de derrota que emin kemal metransmitía desde
hacía tiempo. era como volver a casa después de bailar unas
horas con la muerte, como gastar energías en dar esperan­
zas a un moribundo. Hacía meses que me había propuesto

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no volver a su casa, no atender a sus llamadas, borrarlo de mi
vida para siempre. Pero no lo conseguía; no era capaz de rom­
per de forma definitiva con todo lo que me unía a aquel
hombre quecoqueteaba con la demencia. a menudo me
llamaba en mitad de la noche sin reparar en la hora. des­
colgaba con la seguridad de que era él y me mantenía a la
espera de que rompiera su silencio, un silencio prolongado,
como de agonía, que terminaba con una frase cavernosa:
—rené, amigo...
—dígame, maestro —le contestaba con una pa­
ciencia fingida.
—¿Qué haces, amigo mío?
—estaba durmiendo,...
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