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Eliseo Subiela

Promediaba el año 1944 en Buenos Aires. En diciembre nací en el Hospital Fernández. Primer hijo del gallego Eliseo Demói lo y la pampeana Isabel de la Fuente. Mi padre había queridoser director de orquesta. Mi madre, madre. Ella logró su objetivo. Mi padre acabó siendo gerente comercial de una importante bodega. De él heredé el amor por la música. Y por el vino.No tengo buenosrecuerdos de mi infancia. Sufría frecuentes pesadillas y era sonámbulo.Mi educación primaria transcurrió bajo el segundo gobierno peronista. Había educación religiosa en las escuelas, y cuando llegabala clase de religión yo salía del aula con los alumnos judíos. Mi madre era rabiosamente antiperonista y mi padre un socialista español, cuando menos agnóstico. Recuerdo que cada vez que debíamostomar un taxi, mi madre rechazaba los que llevaban la inscripción “Perón cumple. Evita dignii ca”. Después caminábamos cuidando no ser seguidos por el taxista que, según mi madre, podría haberse dadocuenta de la razón del rechazo y entonces denunciarnos. Supongo que esas situaciones suministraban valioso material a mis miedos y pesadillas. Mi vida cambió cuando nos mudamos al barrio de Cañitas.Transcurrían los últimos años de mi niñez y del gobierno peronista, que cayó un día de septiembre de 1955 para alegría de mis padres e indiferencia mía, que seguí jugando en la vereda de mi casa con losautitos de carrera que rellenaba de plastilina para que se ai rmaran más en las carreras que disputaba con los amigos del barrio. Cañitas fue mi “patria”. Un barrio de studs, con calles empedradasdonde todas las mañanas “vareaban” las hermosas bestias que disputarían los grandes premios en el hipódromo de Palermo, a pocas cuadras de casa. También era un barrio de militares. Mi primer gran amor fuela hija de un coronel. Gracias a esa historia de amor contrariado descubrí la literatura. Esa arisca morocha que maltrató mis sentimientos fomentó, sin saberlo, mi vocación artística. Hasta sentir...
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