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  • Publicado : 27 de septiembre de 2010
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Patrimonio natural
Puebla fue ubicada por sus fundadores en un lugar privilegiado. Cuatro maravillosos volcanes la custodian, unos más cercanos que otros.
Los bosques de las faldas de esos volcanes nutrían los ríos y el acuífero de la ciudad y sus alrededores. Dos ríos espléndidos cercaban la ciudad al poniente y al oriente: el Río Atoyac y el Río San Francisco, además de contar con otros ríosmenores como el Alseseca, el Rabanillo, el Zapatero y El Chinguiñoso, todos con sus márgenes arboladas y la fauna única de estos lugares.
Catorce kilómetros del Atoyac siguen cruzando la ciudad con sus árboles ribereños. Se salvaron del entubamiento del que fue víctima el Río San Francisco. Acabo de ver una pintura de José Márquez, ese extraordinario pintor de la ciudad que se nos fue, en la queaún se ven los puentes del San Francisco y sus árboles en la época de otoño.
Por cierto que la casa de ese pintor ha sido convertida en unas espantosas oficinas, cruzadas por el puente peatonal que lleva al Centro de Convenciones.
Ahí debería existir un museo con el acervo de la obra extraordinaria de José Márquez, el pintor por excelencia de la ciudad de Puebla del siglo XX. Puebla contabatambién con 19 vasos reguladores similares a la Laguna de San Baltazar, hoy cubiertos de casas y cemento a excepción de dos: uno aún sin rescatar que es lo que queda de la Laguna de Chapulco, y la Laguna de San Baltazar.
Puebla contó también, a partir de 1940, con una presa imponente a escasos treinta minutos de la ciudad. El paisaje agreste y extraordinario de Valsequillo nos ofrecía también unavista de los volcanes reflejados sobre el agua, y la posibilidad de un desarrollo turístico para Puebla muy original.
Casi todo lo hemos perdido. Todos los ríos que cruzan Puebla están contaminados. Los parques ribereños que deberían de existir en los ríos que aún no han sido entubados, se encuentran llenos de basura y escombros.
Hace siete años que presentamos a las autoridades correspondientes elplan integral para el rescate de las márgenes del Atoyac. Panistas y priistas no han considerado esencial ese proyecto. Ninguna ciudad civilizada les da la espalda a sus ríos. ¿Se imaginan París sin el Sena? Aquí no los queremos ver.
Y todo sigue ahí, olvidado, esperando que algún estadista –que no político– retome el tema del patrimonio natural de Puebla, o por lo menos lo que queda de él, y ledé la primerísima importancia que el cuidado del patrimonio natural debería tener para todos los que vivimos aquí.
En 1910 Puebla tenía muchísimos parques, considerando el tamaño pequeño de la ciudad de entonces. Tenía además el Paseo Bravo y el Paseo de San Francisco, con su lago y su "paseo de los pescaditos". Vivir en Puebla debe haber sido un privilegio.
De cualquier parte de la ciudadpodías ver los volcanes, o la Malinche: cada tres o cuatro calles había un parque frondoso en el que pasear. Los cerros de Loreto y Guadalupe ofrecían una vista única de la ciudad, con sus ríos y sus volcanes, que envidiarían muchas ciudades del mundo. Todo lo hemos ido perdiendo.
Horribles "espectaculares" sin regular nos tapan la vista de toda esa belleza que aún está ahí. No ha habido un políticoque se ocupe de resguardar por lo menos ciertos puntos de la ciudad desde los que cualquier habitante de Puebla pueda contemplar el paisaje.
Las zonas verdes decretadas para la moderna Puebla del siglo XXI han sido tragadas por la voracidad de los fraccionadores y sus cómplices desde el gobierno.
Los fraccionamientos nuevos, desde los de lujo hasta los populares, apenas y cumplen mínimamente conlas áreas verdes que deberían por ley donar a la ciudad. Por eso yo he hablado a lo largo de todos estos años sobre la importancia de tener un corazón ciudadano para todos aquellos espacios que nos interesan y amamos. Los políticos están de paso en sus puestos, pero los ciudadanos no deberíamos estar de paso por nuestra ciudad.
Aquí nacimos, aquí hemos sido razonablemente felices, aquí...
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