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AMORES CAMPESINOS

Y to jue pocque le dije que yo la estaba queriendo. ¡Sucristo! Se le jinchó el corpiño
ni pecho de paloma turrugulla.
Había que verla como yo la vide
en el velorio de Rumalda.
Estaba ella vestiá de morao
que a mí se me pareció
la flo de la batata mojadita de ñublina. Te la voy a detallá.
Tenía unos ojo ni puerco manao;
unos pómulo grande de piel estiraita,como cara que espera
que le empujen un beso;
una nariz de pelea, repingaita,
y una trenza negra ni pluma e yolofo,
que le amarraba el pelo
hasta el plan del ñango.
Lo que de ella más me gustaba,
era su boca. Tenía esa moza dos labioj,
que yo no sé, pero el de abajo
siempre se me pareció una tajá de melón
escondía detrás de una tinaja,
de lo güelentinosa y dulce que lo tenía.Esa noche del velorio yo estuve por ella.
Apenas tuve oportunidá
me le acerqué ni perro regañao.
Le dije que della yo estaba enamoriscao;
que mi voz no sonaba;
que mi pecho no alentaba;
que mi mente no pensaba,
si no por ella. Por ella.
No más que por ella.
Entonces la moza, no sé si por pena,
tirando los ojos al suelo
se puso a jugá con su pelo,
coloraita como unmarañón.
Yo comiéndomela con los ojos
le pedí que me dijera si estaba por mí.
Que si en ese trance estaba,
por un puñao de crucej me jurara
jacé lo posible de encontrarse conmigo
en el plataná viejo,
ese que queda al lao del arroyo,
ni lejos ni cerca del camino riá.
Que llegara temprano
a la hora del gallo,
que yo sin falta estaría allá.
Y asina jué. Yo llegué primero.
Las aguajdel arroyo estaban cantando.
Las florj vestían sus trajes de fiesta
y un run run de abejones
colgado del aire se bebían de un trago
las florej de un mango.
Venía esa moza con un juego e cadera,
que llegué a pensá que su cuerpo era
una mata de mai cuando la mueve el viento.
Que se iba pa allá;
que viene pa acá,
que parece se quiebra
si un poco más terco la moviera el aire.¡Una paloma de matojo en matojo,
no hubiera podió caminá más bonito!
Como mensajero,
el güelo de su cuerpo me llegó primero.
Todita ella me güelía a limón.
¡Sucristo!
Y yo que tenía un pocotón de palabraj
escogía por lo dulce
y en ese momento se me fueron volando.
Nos miramos callao.
Y yo qué iba a decí, si estaba asustao.
Ella jue la que dijo:
¡”y pa qué me dijiste queviniera temprano
si era pa decirme na!”
Entonces, rebuscando la voz
que se me vía qudao, digo yo en los talonej,
empecé gagueando:
“Yo, yo, yo-yo te estoy queriendo.
Cómo será, que, que, el pecho lo tengo esfaratao.
Te pido que me digaj al momento
si tú estás por mi.
Si tú sientej lo que yo estoy sintiendo”.
Antonce, ella con esa malicia de jembra
me dijo: “¿Y, y qué sientej tú?”Yo antonce le dije: “Bueno, yo siento...
Que todas las cosaj son buena
si tú estás conmigo.
Que todas las cosaj son mala
si tú me despreceas.
Ella no dijo ná.
Como negro mantón sus pestañas
le taparon los ojo,
que como si se hubieran desmayao
se le fueron al suelo,
y en el suelo, su deo grande del pie
dibujó no sé qué cosa... como letras,
pero yo no sé leé
¡quién sabe loque dirían!
Cuando le dije que yo pediría su mano,
levantó la cabeza, espepitó sus ojoj
y me dijo: ¿”Y, y tú qué vas hacé con mi mano?”
“Bueno, como asina dicen los blanco,
pero yo con tu mano no voy hacé ná.
¡Yo te quiero a ti toditica, maldecía!”
Antonce ella hizo como que se enojó.
Me bembió con un jociquito de puerco mamón
y salió corriendo.
Y en el aire su risa,
era elrelincho de una potranca cerrera.
Y yo le gritaba: ¡A que te amanso potranca!
¡A que te amanso!
Quedamos en que cuando yo recogiera el mai,
el ajonjolí, la batata y la yuca;
que cuando ya estuviera el rancho listo,
na más que pa motilarlo
y me comprara dos asiento e cuero,
un banco veteligero
y una tinaja arachera,
yo iría a pedía su mano.
Y asina jue.
Le metí el...
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