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Arenga lírica a Juárez
Y fue del seno de la noche obscura
de una raza infeliz heroica y triste,
del que brotó serena tu figura.
No, efímero relámpago, prendiste,
por un instante, el horizonte, el fuego
de un sideral y lívido amatiste;
no relumbraste en la tiniebla, y luego,
extinto tu fulgor, quedóse el mundo
más hirviente de sombras y más ciego.
No, Señor; fue tu brillo, en lo profundode la terrible noche de la raza
hundida en un sopor meditabundo,
perenne antorcha que el pavor rechaza;
final insomne que a los vientos reta;
astro que resplandece y amenaza.
He aquí por qué la multitud inquieta
agítase; y estamos frente a frente
tú la inmortalidad, y yo, el poeta.
Inmenso y grave tú; yo, reverente
y humilde; tú, marmorizado ensueño;
yo, voz que canta y átomo quesiente.
He aquí llegar con religiosos empeño
a ti —lo grande, el símbolo que dura—
al hombre —lo que pasa, lo pequeño—.
Pero al pasar su pequeñez, depura
la vida; y de tu carne, ayer morena,
hace hoy, por fin, escultural blancura.
Más no se alza tu imagen tan serena,
ni tan radiante está de lo que entonces
fue en medio a la tenaz lucha terrena.
La puerta del no ser giró en sus gonces
yentraste tú, llevando hasta la muerte
el color y la fuerza de los bronces.
Y así, Señor, quisiste engrandecerte,
y penetrar severo en el combate;
y así morir en él, tranquilo y fuerte.
Late, soberbio mármol, late, late,
cual si tuvieses corazón; te lleva
el pueblo en su alma como a dios penante;
y tu memoria, en cada hogar, renueva
la gran veneración por el que pudo
surgir del negro fondo dela gleba,
por el que fue una voz del triste y mundo
genio del conquistado que aun se asombra
con la feral visión del férreo escudo,
y por aquel que el indio llama y nombra
cuando quiere mirar, como Tobías
á un ángel blanco en medio de la sombra.
Tramontaron los soles de tus días
penosos, y el Derecho, tu bandera,
ampara nuestras dulces alegrías.
El azul de tu cielo reverbera
conflamante esplendor, con el anhelo
de dar al aire luz de primavera,
oro y diafanidad, para que el vuelo
de las almas se bañe en la infinita
claridad milagrosa de tu cielo.
Todo florece en paz —la paz bendita;
la paloma del arca que atraviesa
la nube, y la esperanza resucita—
Brilla tu monumento en la turquesa
del fulgor matinal, y hasta el ramaje
parece que se inclina y que te besa.
En tireposarán, tras de su viaje
azul, las golondrinas bulliciosas,
sacudiéndose el polvo del plumaje.
Hasta ti llegarán las mariposas.
y te enviarán perfumes en el viento
los rojos incensarios de las rosas.
Vela en la majestad del monumento,
gran héroe de la ley, como en la vida;
recogido en un noble pensamiento.
Del bloque mismo en el que fue esculpida
tu imagen, evocaron los cinceles
elsimbólico grupo que te cuida.
Y en la blanca materia, tus laureles
se vuelven perdurables, y así miras
que la Patria y la Gloria te son fieles.
No provocas temor ni odios inspiras;
pero quedó sobre tu ceño adusto
el resplandor de las grandes iras.
Salvaste a la República en tu augusto
deber. Señor, estás aquí por eso,
y porque fuiste grande y fuiste justo.
En tus hombros de Atlante cayó el pesodel porvenir; tuviste la energía
de conducir un mundo hacia el progreso
á través de dolor y la agonía.
—La patria, al recordar tus heroísmos,
se estremece de orgullo todavía.
Porque en tus terribles cataclismos
y sus fastos gloriosos, Señor, eres
como una luz que alumbra los abismos.—
Ni el odio temas, ni el olvido esperes;
no es efímera y cana tu grandeza.
¿Vive la Libertad? Pues tuno mueres.
La apoteosis inmoral empieza;
la de tu raza en ti, la que parece
una gran sombra en una gran tristeza.
La gente que, fosca y callada, languidece,
y en su informe quimera primitiva,
no sé qué sueños pavorosos mece.
Padre, es preciso que tu raza viva;
ella fue heroica como tú; es preciso
que recobre la fe tu raza altiva.
Padre, de tu cabaña, de improviso,
salió firme, tenaz,...
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