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Fragmento final del Capítulo 4 de “Ulises” de James Joyce

Se sentía pesado, lleno: luego el vientre ligeramente suelto. Se levantó, desabrochándose la cinturilla del pantalón. La gata le maulló.
-¡Miau! dijo él como respuesta. Espera a que yo esté listo.
Pesadez: será un día caluroso. Demasiada molestia arrastrarse escaleras arriba hasta el descansillo.
Un periódico.Le gustaba leer en el retrete. Espero que no llegue ningún mentecato justo cuando estoy.
En la gaveta de la mesa encontró un número viejo de Titbits. Lo dobló bajo el sobaco, fue hasta la puerta y la abrió. La gata subió con suaves saltitos. ¡Ah! quería subir arriba, enroscarse hecha un ovillo en la cama.
Escuchando oyó la voz de ella:
-Ven, ven, minina. Ven.
Salió porla puerta trasera al jardín: se paró a escuchar hacia el jardín de al lado. Ni un ruido. Quizá tendiendo la ropa. La muchacha estaba en el jardín. Espléndida mañana.
Se inclinó a observar una fina hilera de menta que crecía junto a la pared. Hacer aquí un cenador. Judíasescarlatas. Parra virgen. Habría que volver a abonar todo el terreno, tierra apelmazada. Una buena mano de hígado deazufre. Toda la tierra está así cuando no tiene estiércol. Desperdicios de la casa. Marga ¿qué es eso exactamente? Las gallinas del jardín de al lado: sus excrementos son muy buenos como abono para en-cima. El mejor de todos sin embargo es el de ganado, especialmente cuando ha sido cebado con tortas de orujo. Pajuz de estiércol. Lo mejor para limpiar los guantes de cabritilla de señora. Lo suciolimpia. Las cenizas también. Regenerar todo el terreno. Cultivar guisantes en aquel rincón de allí. Lechugas. Siempre habría verduras frescas entonces. Aun así un jardín tiene sus desventajas. La abeja o moscarda el lunes de Pentecostés.
Prosiguió andando. ¿Dónde está mi sombrero, por cierto? He debido de ponerlo de nuevo en el gancho. O al colgarlo el suelo. Extraño que no lo recuerde. Elperchero demasiado lleno. Cuatro paraguas, impermeable de ella. Al recoger las cartas. La campanilla del establecimiento de Drago que suena. Curioso esta-ba pensando justo en ese momento. Cabello castaño abrillantado por encima del cuello. Se acababa de lavar y cepillarse. A saber si tendría tiempo de tomar un baño esta mañana. Tara Street. El tipo aquel de la taquilla ayudó a fugarse a James Stephens,dicen. O'Brien.
Voz profunda tiene ese individuo Dlugacz. ¿Agendath cómo era? ¡Ea, señorita mía! Entusiasta.
De una patada abrió la puerta desencajada del excusado. Mejor será que cuide de no mancharme estos pantalones del entierro. Entró, agachando la cabeza por debajo del dintel. Dejando la puerta entreabierta, en medio de la peste a cal mohosa y de telarañas rancias se desabrochólos tirantes. Antes de sentarse escudriñó por un resquicio las ventanas de la casa de al lado. El rey estaba en la sala de cuentas. Nadie.
En cuclillas sobre la tabla redonda desdobló el periódico, pasando las páginas sobre las rodillas desnudas. Algo nuevo y fácil. No hay prisa. Aguántatelo un poco. Cuento premiado Titbits: El golpe magistral de Matcham. Escrito por Mr. Plrilip Beaufoy,del Club de Amigos del Teatro, de Londres. A razón de una guinea la columna se ha pagado al escritor. Tres y media. Tres libras con tres. Tres libras, trece con seis.
Plácidamente leyó, conteniéndose, la primera columna y, cediendo pero resistiéndose, comenzó la segunda. A la mitad, cediendo su última resistencia, permitió que el vientre se vaciara plácidamente mientras leía, leyendo aúnpacientemente el ligero estreñimiento de ayer completamente desaparecido. Espero no sea demasiado grande vuelvan de nuevo las hemorroides. No, lo justo. Así pues. ¡Ay! Estreñido. Una tableta de cáscara sagrada. La vida podría ser así. No le afectaba ni le emocionaba pero era algo ligero y bien cuidado. Publican cualquier cosa ahora. Qué estación más tonta. Siguió leyendo, sentado calmoso sobre su...
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