Teologia

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PERDONEMOS Y PIDAMOS PERDÓN
ANTONIO AMADO

Un acto polémico
El pasado 12 de marzo tuvo lugar en Roma, en el contexto de la Cuaresma, un significativo acto en el que la Iglesia pidió perdón a Dios por los pecados pasados y presentes de sus hijos. Las reacciones a este acto litúrgico –primero en la Historia de la Iglesia– han sido muy diversas y en ocasiones insospechadas: mientras para algunoses un acto profético, audaz, y de firme apego a la verdad, otros aprovechan el momento para pedir una revisión de la conducta presente de la Iglesia en temas como la ordenación de mujeres, la anticoncepción o la homosexualidad. La aceptación o rechazo de la Jornada del Perdón no puede, sin embargo, expresarse en términos de pertenencia o no pertenencia a la comunidad eclesial: al tiempo que entrelos fieles y personas ajenas a la Iglesia se expresa admiración y reconocimiento, también dentro y fuera de la Iglesia hay quejas, protestas, burlas e ironías.
Muchos indicios parecen sugerir que la lectura adecuada de lo que se vivió en la Jornada del Perdón puede verse oscurecida por cierta tensión dialéctica. En efecto, ahora que la Iglesia pide perdón parece que se podría insistir en que“lo ha hecho demasiado tarde”, “no hay suficiente arrepentimiento” o que se “autoabsuelve a sí misma”; en la dirección opuesta se podría apuntar a la “carencia de un fundamento real para pedir perdón”, “la confusión que genera entre los cristianos” o “la desproporción en las reacciones que va a provocar entre quienes aprovecharán esta situación para atacar más a la Iglesia”. El acto de purificación dela memoria sería entendido no como retorno a Cristo, sino más bien como condescendencia más o menos oportuna con el mundo.
Una mirada ulterior y más profunda nos descubriría en la raíz de las oposiciones una interrogación acerca de la santidad de la Iglesia. ¿No parece conmoverse de algún modo, con este acto, la fe en la santidad de la Iglesia? Si la Iglesia ha de pedir perdón por algunospecados de sus hijos, ¿quién asegura que no pedirá en el futuro perdón por las verdades que hoy defiende y garantiza con su Magisterio? La purificación de la memoria vendría a ser la llave maestra para hacer una relectura de toda la enseñanza de la Iglesia: “así como la Iglesia pide hoy perdón por la condena de Galileo –se podría decir–, terminará mañana pidiendo perdón por todas aquellas cosas que hoyson comúnmente aceptadas en la sociedad y que se oponen a su enseñanza”; la expectativa del supuesto perdón permitirá una cómoda desvinculación de lo propuesto actualmente por la Iglesia y fácilmente se elevará la conciencia a norma absoluta del obrar moral.
¿Y no sucederá, desde otro punto de vista, que si se quiere mantener inamovible el dogma de la santidad de la Iglesia se tienda arelativizar o minusvalorar el gesto del Romano Pontífice? En efecto, ¿podemos seguir afirmando ahora, con la misma convicción, que la Iglesia es Santa e Inmaculada? ¿No se podrá pensar más bien, que en ese acto de humildad estamos invitados a revisar y moderar nuestro lenguaje sobre la santidad de la Iglesia? ¿No será incluso esa moderación el camino para hacer más creíble a la Iglesia?
Un examen atentodeja de manifiesto, sin embargo, que la purificación de la memoria solicitada por Juan Pablo II es incomprensible sin la confesión, decidida y valiente, de la santidad de la Iglesia; es más, parece que la intención expresa del Pontífice es confesar de un modo más pleno la santidad de la “esposa inmaculada del Cordero Inmaculado”. En efecto, el sucesor de Pedro ha tenido la valentía de pedir eneste año jubilar que la “Iglesia, fuerte por la santidad que recibe de su Señor, se ponga de rodillas ante Dios e implore el perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos”.[1] Y el documento Memoria y Reconciliación, elaborado por la Comisión Teológica Internacional señala, frente a posibles tentaciones de relativizar el Magisterio: “En cualquier caso, la purificación de la memoria no...
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