Test de turing

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ENRIQUE

PROCHAZKA
TEST DE TURING

Distribución Gratuita

Edición a cargo de Esteban Quiroz Cisneros Diseño de carátula: Lluvia Editores © Enrique Prochazka, 2005 © Lluvia Editores, 2005 Av. Inca Garcilaso de la Vega 1976, Of. 501. Lima - 1. Teléf. 332-6641 e-mail: lluviaeditores@att.net © Grupo Editorial Huaca Prieta, 2005 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional Nro. 2005 - 3552Impresa en el Perú

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Pienso que la Respuesta Final, la clave filosófica para encontrar la verdad y resolver todas las preguntas, no sólo sí existe, sino que ya ha sido escrita. Apuesto a que probablemente está perdida entre las páginas menos digeridas de Leibniz. Kurt Gödel O, lo que viene a ser lo mismo, existente es lo que agrada al inteligente y potente; peroasí se presupone el mismo Existir. Sin embargo, al menos se podrá definir que existente es lo que agrada a alguna Mente y no desagrada a otra más potente, si se supone que existen mentes cualesquiera. Así, la cosa se reduce a que se diga que Existe lo que no desagrada a la Mente más potente, si se supone que existe la mente más potente. G. W. Leibniz

La Universidad me hizo perfecto. Hizoperfectas mis argumentaciones, afinó a la perfección mis silogismos y categorías, me hizo capaz de razonamientos perfectos y me colocó en el perfecto centro de un perfecto dilema. Todo ello me condujo a una soledad quizá inmerecida, pero también perfecta. Cuando supe esto decidí rebelarme, pero ya no quisieron permitírmelo. Quizá hicieron bien. Si aún cabe que lo diga, recuerdo haber estado muydesencantado de la Universidad. No de ésta en particular, sino del fenómeno mundial de la academia. Sé que en algún momento anduve bastante harto de los diez siglos de soberbia de esta corporación global que se arrogaba el derecho de decidir quién sabía cuánto y acerca de qué. Una cofradía a la que el mundo le tomaba la palabra acerca de quién era realmente un médico o un arquitecto o un físico nuclear eneste mundo, y quién apenas fingía serlo. Me sublevaba el hecho de que en tantos casos fuera al revés, el hecho de que por un lado hubiera tanto idiota titulado y que, por otro, tantas mentes valiosas supieran tanto del mundo por cuenta propia. La pregunta era, entonces, quién o qué definía el mundo al que estas mentes habrían tenido acceso. Yo, claro, no podía expresar con demasiado vigor misconvicciones. Tenía un rabo de paja lo suficientemente largo como para hacerme culpable de lo que, por cierto, ahora me eximo. Al fin y al cabo, como conclusión sorprendente de una opaca carrera por un par de campuses, había terminado por obtener un Ph.D. en Yale, y en el respetable mundillo académico ya era tenido por un razonable profesional de la filosofía. Es cierto que mi especialidad causabaescozor, pero no recortaba mi salario. Así que, cuando volví a la Universidad de F., donde había empezado hacía poco más de una década, me sentía lo suficientemente seguro de mi tema –el desarrollo de la metafísica durante el siglo XVII– como para insistir en él ante las autoridades que me acogieron. Tuve que hacer un pequeño ajuste: en los pasillos de F., de ser Max pasé a ser “Doctor”. Para elDecano y para la universidad –como lo había sido para mi ex esposa– la metafísica era un acopio de frases latinas desprovistas de significado, apoyadas en seudo razonamientos. Para el Decano en particular, la cátedra de Metafísica de su facultad debía tener una obligación análoga a la de Enfermedades Tropicales, al otro lado del campus: su cometido no debía ser la propagación, sino la cura. Para lospocos metafísicos que lográbamos sobrevivir, el tema de cátedra apenas lograba ser una defensa de nuestro espacio profesional, cuando no de nuestra ofensiva existencia. Así que, para confirmarle al Decano mi importancia y esquivar los relativismos tan de moda (“la verdad no tiene

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derechos”, se proclamaba ahora, reformulando viejas y mejores intoleran-cias) anuncié con atrevimiento que...
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