Thomas hobbes

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Marianela
Por

Benito Pérez Galdós
Imprenta y Litografía de La Guirnalda Madrid 1878

Capítulos:
-I-,-II-,-III-,-IV-,-V-,-VI-,-VII-,-VIII-,-IX-,-X-,-XI-,-XII-, -XIII-,-XIV-,-XV-,-XVI-,-XVII-,-XVIII-,-XIX-,-XX-,-XXI-,-XXII-

-IPerdido
Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y oscura lanoche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de latierrasoñolienta, y el viajero siguió adelante en

su camino,apresurando su paso a medida que avanzaba la noche. Iba por angostavereda, de esas que sobre el césped traza el constante pisar de hombresy brutos, y subía sin cansancio por un cerro en cuyas vertientes sealzaban pintorescos grupos de guinderos, hayas y robles. (Ya se ve queestamos en el Norte de España.) Era un hombre de mediana edad, de complexiónrecia, buena talla, anchode espaldas, resuelto de ademanes, firme de andadura, basto defacciones, de mirar osado y vivo, ligero a pesar de su regular obesidad,y (dígase de una vez aunque sea prematuro) excelente persona pordoquiera que se le mirara. Vestía el traje propio de los señoresacomodados que viajan en verano, con el redondo sombrerete, que debe asu fealdad el nombre de hongo, gemelos decampo pendientes de unacorrea, y grueso bastón que, entre paso y paso, le servía para apalearlas zarzas cuando extendían sus ramas llenas de afiladas uñas paraatraparle la ropa. Detúvose, y mirando a todo el círculo del horizonte, parecía impacientey desasosegado. Sin duda no tenía gran confianza en la exactitud de suitinerario y aguardaba el paso de algún aldeano que le diese buenosinformestopográficos para llegar pronto y derechamente a su destino. —No puedo equivocarme—murmuró—. Me dijeron que atravesara el río porla pasadera... así lo hice. Después que marchara adelante, siempreadelante. En efecto, allá, detrás de mí queda esa apreciable villa, aquien yo llamaría Villafangosa por el buen surtido de lodos que hay ensus calles y caminos.... De modo que por aquí, adelante, siempreadelante(me gusta esta frase, y si yo tuviera escudo no le pondría otradivisa) he de llegar a las famosas minas de Socartes. Después de andar largo trecho, añadió: —Me he perdido, no hay duda de que me he perdido.... Aquí tienes,Teodoro Golfín, el resultado de tu adelante, siempre adelante. Estospalurdos no conocen el valor de las palabras. O han querido burlarse deti, o ellos mismos ignoran dónde estánlas minas de Socartes. Un granestablecimiento minero ha de anunciarse con edificios, chimeneas, ruidode arrastres, resoplido de hornos, relincho de caballos, trepidación demáquinas, y yo no veo, ni huelo, ni oigo nada.... Parece que estoy en undesierto... ¡qué soledad! Si yo creyera en brujas, pensaría que midestino me proporcionaba esta noche el honor de ser presentado aellas.... ¡Demonio!, ¿perono hay gente en estos lugares?... Aún faltamedia hora para la salida de la luna. ¡Ah!, bribona, tú tienes la culpade mi extravío.... Si al menos pudiera conocer el sitio donde meencuentro.... ¿Pero qué más da? (Al decir esto, hizo un gesto propio delhombre esforzado que desprecia los peligros). Golfín, tú que has dado lavuelta al mundo, ¿te acobardarás ahora?... ¡Ah!, los aldeanos teníanrazón:adelante, siempre adelante. La ley universal de la locomoción nopuede fallar en este momento. Y puesta denodadamente en ejecución aquella osada ley, recorrió unkilómetro, siguiendo a capricho las veredas que le salían al paso y secruzaban y se quebraban en ángulos mil, cual si quisiesen engañarle yconfundirle más. Por grande que fuera su resolución e intrepidez, al fintuvo que pararse. Las veredas,que al principio subían, luego empezarona bajar, enlazándose; y al fin bajaron tanto, que nuestro viajerohallose en un talud, por el cual sólo habría podido descender echándosea rodar. —¡Bonita situación!—exclamó sonriendo y buscando en su buen humorlenitivo a la enojosa contrariedad—. ¿En dónde estás, querido Golfín?Esto parece un abismo. ¿Ves algo allá abajo? Nada, absolutamente nada...pero...
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