Tlacaelel

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Capítulo II
CONMOCIÓN EN EL VALLE
El cambio de depositario del Emblema Sagrado de Quetzalcóatl dio origen a toda una serie de aconte¬cimientos importantes que afectaron radicalmente a las diversas comunidades que habitaban en el Valle del Anáhuac.
Al día siguiente de aquél en que tuviera lugar la transmisión del venerado símbolo, fue hallado, col¬gado de una cuerda atada al techo de supropia ha¬bitación, el cadáver de Mazatzin. La frustración derivada de no lograr alcanzar el objetivo al cual consagrara toda su existencia, había resultado into¬lerable para el ambicioso sacerdote tecpaneca. Antes de ahorcarse —en un último gesto de lealtad hacia su monarca— Mazatzin había enviado un mensaje a Maxtla, informándole con detalle de los recientes sucesos ocurridos en el santuario de laHermandad Blanca.
El enviado de Mazatzin no era el único mensajero que, portando idénticas noticias, se alejaba de la ciu-dad de Chololan.
Guiado por esa intuición que caracteriza a los au¬ténticos guerreros —y que les permite presentir la existencia de algún posible peligro antes de que éste comience a manifestarse— Moctezuma se había percatado de que el alto honor conferido a su her¬manoentrañaba también una grave amenaza para el pueblo azteca, pues el disgusto que este suceso produciría a los tecpanecas podía muy bien impul-sarles a tomar represalias en contra de los tenochcas.
Así que, aprovechando los lazos de amistad que le unían con varios de los jefes militares de Chololan, el guerrero azteca se apresuró a enviar un mensa¬jero a Tenochtítlan, que informara a Chimalpopoca delinesperado acontecimiento que había convertido a Tlacaélel en el Heredero de Quetzalcóatl y lo pre-viniera sobre la posibilidad de alguna reacción vio¬lenta por parte de los tecpanecas.
Cubierto de polvo y desfallecido a causa de la ago¬tadora caminata, el mensajero de Mazatzin atravesó la ciudad de Azcapotzalco y penetró en el ostentoso y recién construido palacio de Maxtla. En cuanto tuvoconocimiento de su presencia, el monarca acudió per¬sonalmente a escucharle.
Al conocer lo sucedido en la ceremonia de trans¬misión del Emblema Sagrado, la furia de Maxtla se desbordó en forma incontenible: ordenó dar muer¬te al portador de tan malas nuevas, azotó a sus numerosas esposas y mandó destruir todas las be¬llas obras de fina cerámica de Chololan que ador-naban el palacio.
Una vez ligeramentedesahogada su ira, Maxtla convocó a una reunión de sus principales consejeros, para determinar el castigo que habría de imponerse a los aztecas, pues deseaba aprovechar la ocasión pa¬ra dejar sentado un claro precedente de lo que podía esperar a cualquiera que, voluntaria o involuntaria¬mente, actuase en contra de los intereses tecpanecas.
Al inicio de la reunión, Maxtla se mostró inclinado aadoptar el castigo más drástico: la destrucción total del pueblo azteca. Los consejeros del monarca, ha¬ciendo gala de una gran prudencia que les permitía no aparecer en ningún momento como abiertamente contrarios a la voluntad de su colérico gobernante, le hicieron ver que esa decisión resultaría contrapro¬ducente para los propios intereses tecpanecas: los aztecas pagaban importantes y crecientestributos y, por otra parte, su empleo como soldados mercenarios estaba rindiendo magníficos frutos, pues los tenoch¬cas habían demostrado poseer admirables cualida¬des como combatientes.
Después de una larga deliberación, uno de los consejeros encontró la que parecía más adecuada solución al problema, pues permitiría a un mismo tiempo darle el debido escarmiento a los tenochcas y conservar intacta sucapacidad productiva, que tan buenas ganancias venía reportando para Azcapotzalco. Se trataba de dar muerte al monarca azteca ante la vista de todo su pueblo.
El mensajero enviado por Moctezuma, remando vigorosamente, cruzó el enorme lago en cuyo interior —mediante increíble y sobrehumana proeza— los az¬tecas edificaran su capital. Saltando a tierra, el men¬sajero recorrió a toda prisa la...
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