Todos exploradores isaac asimov

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ADRIAN PE
FESC UNAM
CONTADURIA

TODOS EXPLORADORES
ISAAC ASIMOV
 
Herman Chouns era hombre de corazonadas. A veces acertaba; a veces se equivocaba: en la proporción de un cincuenta por ciento, aproximadamente. No obstante, si consideramos que uno tiene un universo entero de posibilidades del que sacar una respuesta correcta, el cincuenta por ciento de aciertos empieza a parecer unporcentaje muy aceptable.
Chouns no siempre estaba tan contento de este don como cabría imaginar. Le sometía a demasiadas tensiones. La gente solía amontonarse en torno a un problema, sin sacar nada en limpio, para luego volverse hacia él y preguntarle:
—¿Qué le parece, Chouns? Ponga en juego su conocida intuición.
Y si lo que él decía no resultaba acertado, luego le echaban la culpa de lo que pudieraocurrir.
Su trabajo de explorador más bien tendía a empeorar la situación.
—¿Opina que vale la pena examinar más de cerca aquel planeta? —solían preguntarle—. ¿Qué opina usted, Chouns?
De modo que resultaba un alivio poder cambiar de programa y planear una operación para dos hombres nada mas (lo cual significaba que el próximo viaje sería hacia un lugar sin prioridad especial y, porconsiguiente, sin particulares apremios) y, para colmo de buena fortuna, tener a Allen Smith de compañero.
Smith era un hombre tan normal y corriente como su apellido. El primer día de viaje le decía a Chouns:
—Lo que te pasa es que los archivos de la memoria de tu cerebro poseen un mecanismo de respuesta extranormal. Cuando examinas un problema recuerdas una cantidad suficiente de pequeños detalles, quequizá los demás no sepamos apreciar, para llegar a una decisión. Llamar a eso una corazonada, sencillamente, le da un misterio que en realidad no tiene.
Diciendo esto se alisaba el cabello hacia atrás. Tenía el cabello claro, que se aplanaba sobre el cráneo como una funda.
Chouns, que tenía el cabello indomable y la nariz chata y un poco descentrada, respondió mansamente, según solía hacer:
—Yopienso que quizá sea telepatía.
—¿Qué?
—Sólo un vestigio de telepatía.
—¡Tonterías! —exclamó Smith, con sonora mofa, como solía hacer—. Los científicos se han pasado mil años tratando de descubrir poderes, y no han logrado nada. No existen, no hay tal cosa: ni precognición, ni telekinesis, ni clarividencia, ni telepatía.
—Lo admito; pero medita lo que voy a decirte. Si recibiera una imagen delo que piensa un grupo de personas, aunque quizá no me diera cuenta de lo que estuviera sucediendo, podría combinar la información recibida y brindar una respuesta. Yo sabría más que un solo individuo del grupo; por lo tanto, podría juzgar con más acierto que los otros... a veces, al menos.
—¿Tienes alguna prueba, grande o pequeña, que demuestre lo que dices?
Chouns volvió sus dulces ojoscastaños hacia Smith.
—Sólo una corazonada —dijo.
Se llevaban muy bien. Chouns agradecía el tranquilizador espíritu práctico de su compañero, y Smith alentaba las especulaciones de Chouns. Estaban en desacuerdo muy a menudo; pero nunca se peleaban.
El buen entendimiento entre ambos no empeoró ni siquiera cuando llegaban a su objetivo, que consistía en una constelación globular que nunca había sufridolos aguijonazos de energía de un reactor nuclear ideado por el hombre.
—Me gustaria saber qué hacen con todos estos datos allá en la Tierra —cómentó Smith—. A veces se me antojan una pérdida de tiempo.
—La Tierra empieza apenas a expansionarse —contestó Chouns—. Es imposible predecir hasta qué punto la humanidad se extenderá por la galaxia en el término de un millón de años, poco más o menos.Todos los datos que podamos recoger sobre cualquier mundo serán útiles algún día.
—Hablas como un manual de reclutamiento para los Equipos de Exploración. ¿Crees que veremos algo interesante ahí? —Smith indicaba la pantalla visora en la que habían centrado, como derramado polvo de talco, el enjambre, ya no muy distante, de astros.
—Quizá. Tengo una corazonada... —Chouns se interrumpió, hizo un...
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