Trabajo desencantado andre gorz

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EL TRABAJO DESENCANTADO

EL MITO DEL LAZO SOCIAL

Referencia: Gorz, André. (1998). Miserias del presente, riqueza de lo possible, Capítulo 13: El trabajo desencantado. Buenos Aires: Paidós.

Vivimos la extinción de un modo específico de pertenencia social y de un tipo especifico de sociedad: la que Michel Agietta ha llamado “sociedad salarial” y Hannah Arendt “sociedad de trabajo”(Arbeitsgesellschaft). El “trabajo” por el cual se pertenecía a esa sociedad no es evidentemente el trabajo en sentido antropológico o en sentido filosófico. No es ni el trabajo del campesino que cultiva su campo, ni el del artesano que realiza su obra, ni el del escritor que trabaja su texto o el del músico que trabaja en su piano. El trabajo que desaparece es el trabajo abstracto, el trabajo en símensurable, cuantificable, separable de la persona que lo “ofrece”, susceptible de ser comparado y vendido en el “mercado de trabajo”, en resumen, el trabajo del que se saca dinero o trabajo-mercancía que fue inventado e impuesto por la fuerza y con grandes penurias por el capitalismo industrial a partir de fines del siglo XVIII.

Inclusive en el apogeo de la sociedad salarial, ese trabajo,contrariamente a lo que hace creer su idealización retrospectiva, jamás fue una fuente de “cohesión social” ni de integración. El “lazo social” que establecía entre los individuos era abstracto y débil. Los insertaba, eso si, en el proceso del trabajo social, en las relaciones sociales de producción, en tanto que constituyentes estrechamente imbricados y funcionalmente especializados de una inmensamaquinaria.

Socialmente determinado, homologado, legalizado, legitimado, definido por las competencias enseñadas, certificadas, aranceladas, ese trabajo correspondía a las exigencias objetivas, funcionales de la maquinaria económica: de la sociedad-sistema. Le procuraba a cada uno el sentimiento de ser útil, independientemente de su intención de ser tal: útil de manera objetiva, impersonal, anónima yreconocido como tal por el salario que se obtenía y los derechos sociales que corrían parejos con él. Esos derechos no estaban asociados a la persona del asalariado sino a la función, en sí misma indiferente, que su empleo cumplía en el proceso social de producción. “Qué importa el trabajo siempre que tengamos empleo. Poco importa el empleo, lo importante es tener uno”. Ése era el mensajeideológico esencial de la sociedad salarial: no se preocupen demasiado por lo que hacen, lo importante es que el pago llegue a fin de mes. Y contra esta ideología del trabajo-mercancía, sin dignidad, ni interés, ni sentido intrínsecos, trabajo restrictivo, opresivo, contrapartida instrumental del acceso a consumos cada vez más opulentos, combatieron con una vehemencia creciente los trabajadores de lasfábricas, de las oficinas y de los servicios del fordismo taylorizado.

¿La integración y la cohesión sociales? Inclusive en su apogeo, la sociedad salarial estaba desgarrada y “fracturada” por la división en clases y por el antagonismo de éstas. No es a ella, sino a su clase, a su sindicato, a su colectivo de trabajo que estaban integrados y de sus luchas por transformar a la vez su trabajo, su viday la sociedad sacaban su “identidad”, su dignidad, su cultura y su cohesión. Y contra su cohesión, su “identidad” y su organización de clase “la empresa”, como se dice, encontró el arma absoluta, imparable: la volatilización, la individualización, la discontinuidad del trabajo, su abolición masiva, su inseguridad para todos.

“Teman, tiemblen”. El mensaje ideológico cambió: de “qué importa eltrabajo, siempre que el pago llegue a fin de mes”, pasó a ser: “qué importa el monto del pago, siempre que se tenga empleo”. Dicho de otra manera: estén dispuestos a todas las concesiones, humillaciones, sumisiones, competencias, traiciones para obtener o conservar un empleo; pues “quien pierde el empleo pierde todo”. Tal es, si no el sentimiento general, por lo menos el mensaje del discurso...
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