Trabajo investigativo

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ACTO SEGUNDO

Escena: salón de la casa de sir Roben Chiltern. Lord Goring, vestido a la última moda, está sentado en un
sillón. Sir Robert Chiltern está en pie junto a la chimenea. Evidentemente, se encuentra en un estado de
gran agitación mental y nerviosismo. Durante la escena da paseos de un lado para otro.
LORD GORING. ––Mi querido Robert, es un asunto muy engorroso, realmente engorroso.Debías
habérselo contado todo a tu esposa. Tener secretos de las esposas de otros es un lujo necesario en la vida
moderna. Al menos, siempre me dicen eso en el club hombres que son lo bastante calvos para saberlo. Pero
ningún hombre debía tener secretos para su propia esposa. Ella invariablemente los descubre. Las mujeres
tienen un maravilloso instinto de las cosas. Pueden descubrirlo todo,excepto lo evidente.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Arthur, no he podido decírselo a mi esposa. ¿Cuándo se lo iba a haber dicho?
Anoche no. Hubiera provocado una separación para toda la vida y hubiera perdido el amor de la única
mujer que adoro en el mundo, de la única mujer que ha hecho vibrar el amor dentro de mí. Anoche hubiera
sido completamente imposible. Se hubiese separado de mí con horror...,con horror y desprecio.
LORD GORING. ––¿Es tan perfecta lady Chiltern?
SIR ROBERT CHILTERN. ––Sí; lo es.
LORD GORING. ––(Quitándose el guante de la mano izquierda.) ¡Qué lástima! Perdón, mi querido
amigo; no quise decir exactamente eso. Pero si lo que me dices es cierto, me gustaría tener una conversación
seria sobre la vida con lady Chiltern.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Sería completamenteinútil.
LORD GORING. ––¿Puedo intentarlo?
SIR ROBERT CHILTERN. ––Sí; pero nada puede hacer cambiar sus ideas.
LORD GORING. ––Bien; en el peor de los casos sería un simple experimento psicológico.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Todos los experimentos como ése son terriblemente peligrosos.
LORD GORING. ––Todo es peligroso, mi querido amigo. Si no fuera así, la vida no merecería la pena
de ser vivida. Bien;creo que debo decirte que, a mi modo de ver, debías habérselo dicho a ella hace años.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿Cuándo? ¿Cuando nos prometimos? ¿Crees que se hubiera casado conmigo
si hubiese sabido cuál fue el origen de mi fortuna, la base de mi carrera; si hubiese sabido que yo
había hecho una cosa que la mayoría de los hombres llaman vergonzosa y deshonesta?
LORD GORING. ––(Lentamente.) Sí; lamayoría de los hombres le darían esos feos calificativos. No hay
duda.
SIR ROBERT CHILTERN. ––(Amargamente.) Hombres que a cada momento hacen lo mismo que hice
yo. Hombres que tienen secretos mucho peores que el mío en sus vidas. ,
LORD GORING. ––Ésa es la razón de que les agrade tanto descubrir los secretos de los demás. Eso distrae
la atención pública de ellos mismos.
SIR ROBERT CHILTERN.––Y, después de todo, ¿a quién perjudiqué con lo que hice? A nadie.
LORD GORING. ––(Mirándolo fijamente.) Excepto a ti, Robert.
SIR ROBERT CHILTERN. ––(Después de una pausa.) Desde luego, yo tenía informes privados de cierta
transacción que el Gobierno pensaba hacer y actué con arreglo a esos informes. La información privada
es prácticamente el origen de todas las grandes fortunas actuales.LORD GORING. ––(Golpeándose el zapato con el bastón.) Y el resultado es invariablemente un escándalo
público.
SIR ROBERT CHILTERN. ––(Paseando por la habitación.) Arthur, ¿crees que lo que hice hace dieciocho
años debe ser ahora utilizado contra mí? ¿Crees que es justo que toda la carrera de un hombre quede
arruinada por una falta que cometió en su adolescen cia? Entonces yo tenía veintidósaños, y tenía la doble
desgracia de haber nacido noble y pobre, dos cosas imperdonables hoy día. ¿Es justo que la locura, el pecado
de la juventud, si los hombres quieren llamarlo así, deba destrozar una vida como la mía, deba ponerme
en la picota, deba arruinar todo lo que yo he elaborado, todo lo que he construido? ¿Es justo, Arthur?
LORD GORING. ––La vida nunca es justa, Robert. Y quizá es...
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