Tuneles

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  • Publicado : 18 de noviembre de 2011
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TÚNELES
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Roderick Gordon - Brian Williams

Argumento

Will tiene una afición muy extraña para un chico de catorce años: pasa su tiempo excavando, buscando tesoros perdidos en las entrañas de la tierra. Así descubre que, bajo el mismo Londres, existen lugares desconocidos, túneles que no constan en ningún mapa y puertas olvidadas durante siglos. Pero... ¿adónde llevan? Cuando elpadre de Will desaparece misteriosamente, el joven decide aventurarse en su búsqueda, desafiando la oscuridad y el temor a lo desconocido. Con la sola ayuda de su amigo Chester, se dirige hacia un mundo fascinante y a la vez aterrador, un mundo lleno de sorpresas, con sus propias leyes, extraños personajes... y terribles amenazas.

Dedicamos este libro a nuestras pacientesfamilias y a los amigos que nos han soportado durante nuestra prolongada obsesión; a Barry Cunningham e Imogen Cooper de The Chicken House por animarnos una y otra vez y no dejar que nos apartáramos del buen camino; a Peter Straus de Rogers, Coleridge & White por amparar a un par de tipos que se habían perdido bajo la lluvia; a Kate Egan y Stuart Webb, y a nuestro amigo Mike Parsons, que hademostrado una valentía increíble.

A la memoria de

Elizabeth Oke Gordon (1837-1919)

Dudamos de lo que desconocemos.

Anónimo

Indice
Argumento 2
PRIMERA PARTE 7
1 8
2 14
3 17
4 23
5 32
6 38
7 46
8 49
9 58
10 60
11 62
12 69
13 74
14 80
15 86
16 90
17 104
18 110
19 114SEGUNDA PARTE 119
20 120
21 132
22 149
23 155
24 159
25 170
26 199
27 203
28 214
29 217
30 231
TERCERA PARTE 236
31 237
32 248
33 258
34 270
35 280
36 291
37 298
38 308
Epílogo 316

PRIMERA PARTE

Abriendo la tierra

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1

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¡Clonk! El pico golpeó en la pared de tierra, echó chispas al pegar contra un escondidocanto de sílex, atravesó la capa de arcilla y se detuvo en seco.

—¡Puede que lo hayamos encontrado, Will!

El doctor Burrows avanzó a gatas por la pendiente del túnel. Sudoroso y jadeando en aquel reducido espacio, empezó a excavar la tierra febrilmente, empañando el aire estancado con su aliento. A la luz de las lámparas de sus cascos con cada paletada de tierra conseguía ver un poco másdel viejo encofrado de madera que había detrás, dejar al descubierto la astillada superficie y el veteado bajo la capa de pez.

—Pásame la palanca.

Will hurgó en la cartera, encontró la pequeña y gruesa herramienta de color azul, y se la entregó a su padre, que no apartaba la vista del revestimiento de madera que tenía ante él. El doctor Burrows introdujo con fuerza el extremo plano de labarra por entre dos tablas y soltó un gruñido cuando volcó sobre ella todo su peso para hundirla y conseguir punto de apoyo. Después empezó a mover la palanca hacia uno y otro lado. Las tablas crujieron contra sus engarces y se combaron hasta saltar con un chasquido que resonó en todo el túnel. Will retrocedió un poco cuando llegó hasta él una bocanada de aire cálido y húmedo del inquietanteagujero que había abierto su padre.

Sin pérdida de tiempo, arrancaron otras dos tablas y dejaron a la vista una abertura por la que cabía un hombro. Guardaron silencio. Se miraron e intercambiaron una breve sonrisa de complicidad. Sus caras, iluminadas por las luces de sus respectivos cascos, se veían manchadas como si se hubieran puesto pinturas de guerra.

Volvieron a prestar atención alagujero, y se quedaron mirando con sorpresa las motas de polvo que parecían minúsculos diamantes que flotaban en el aire, formando en la negra abertura desconocidas constelaciones.

Con cautela, el doctor Burrows se asomó por el boquete, mientras Will se pegaba a su lado intentando atisbar algo. Los haces de luz de las lamparillas de sus cascos se internaron en el abismo e iluminaron una pared...
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