Twilight

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  • Publicado : 29 de agosto de 2012
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—No me verá —prometió Edward mientras desaparecía silenciosamente por la puerta. Volvió a tiempo de sujetarla antes de que el borde llegara a tocar el marco. Traía una caja de pastillas en una mano y un vaso de agua en la otra.
Tomé las pastillas que me dio sin protestar, ya que sabía que perdería en la discusión. Además, el brazo me molestaba de veras.
Mi nana continuaba sonando de fondo,dulce y encantadora.
—Es tarde —señaló Edward. Me alzó por encima de la cama con un brazo y con el otro abrió la cama. Me acostó con la cabeza en la almohada y me arropó bien con el edredón. Se acostó a mi lado, pero encima de la ropa de cama de modo que no me quedara congelada y me pasó el brazo por encima.
Apoyé la cabeza en su hombro y suspiré, feliz.
—Gracias otra vez —susurré.
—No hay de qué.Nos quedamos sin movernos ni hablar durante un buen rato, hasta que la nana llegó a su fin y comenzó otra canción. Reconocí la favorita de Esme.
—¿En qué estás pensando? —le pregunté con un murmullo.
Dudó un segundo antes de contestarme.
—Estaba pensando en el bien y el mal.
Un escalofrío me recorrió la columna.
—¿Te acuerdas de cuando decidí que no quería que ignoraras mi cumpleaños? —lepregunté enseguida con la esperanza de que mi intento de distraerle no pareciera demasiado evidente.
—Sí —admitió con cautela.
—Bien, estaba pensando... que ya que todavía es mi cumpleaños, quería que me besaras otra vez.
—Pues sí que estás antojadiza esta noche.
—Pues sí, pero claro, no tienes que hacer nada que no quieras —añadí, picada.
Rió y después suspiró.
—Que el cielo me impida haceraquello que no quiera —repuso con una extraña desesperación en la voz mientras ponía el dedo bajo mi barbilla y alzaba mi rostro hacia el suyo.
El beso empezó del modo habitual, Edward procuraba tener el mismo cuidado de siempre y mi corazón reaccionaba de forma tan desaforada como de costumbre. Entonces, algo pareció cambiar. De pronto, sus labios se volvieron más insistentes y su mano libre seenredó en mi pelo aferrando mi cabeza firmemente contra la suya. Agarré su pelo con mis manos; estaba cruzando los límites impuestos por su cautela, sin duda, pero esta vez no me detuvo. Sentí su frío cuerpo a través de la fina colcha, y me apreté con deseo contra él.
Cuando se apartó, lo hizo con brusquedad; me empujó hacia atrás con manos amables, pero firmes.
Me desplomé en la almohadajadeando, con la cabeza dándome vueltas. Algo intentaba asomar en los límites de mi memoria, pero se me escapaba...
—Lo siento —dijo él, también sin aliento—. Esto es pasarse de la raya.
—A mí no me importa en absoluto —resollé.
Frunció el ceño en la oscuridad.
—Intenta dormir, Bella.
—No, quiero que me beses otra vez.
—Sobrestimas mi autocontrol.
—¿Qué te tienta más, mi sangre o mi cuerpo? —ledesafié.
—Hay un empate —sonrió ampliamente a pesar de sí mismo y pronto se puso serio otra vez—. Y ahora, ¿por qué no dejas de tentar a la suerte y te duermes?
—Vale —asentí mientras me acurrucaba junto a él. Me sentía realmente exhausta. Había sido un día muy largo y tampoco en ese momento me notaba aliviada. Más bien me parecía como si estuviera a punto de suceder algo aún peor. Era unapremonición tonta, ya que, ¿qué podía ser peor? No había nada que pudiera estar al nivel del susto de aquella tarde, sin duda.
Intentando actuar con astucia, apreté mi brazo herido contra su hombro, de modo que su piel fría me consolara del ardor de la herida. Pronto me sentí mucho mejor.
Estaba medio dormida, más bien casi del todo, cuando me di cuenta de qué era lo que me había recordado su beso: lapasada primavera, cuando tuvo que dejarme para intentar apartar a James de mi pista, Edward me había besado como despedida, sin saber cuándo o si nos veríamos de nuevo. Este beso había tenido el mismo sabor doloroso por alguna razón que no acertaba a imaginar. Me sumí en una inconsciencia inquieta, como si ya tuviera una pesadilla.

El final
A la mañana siguiente me sentía fatal: no había...
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