Un infierno celestial

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  • Publicado : 3 de agosto de 2010
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Un Infierno Celestial.

El Oscuro paraíso soñado por Emanuel Swedenborg.

En los laberintos de la literatura existen algunos Cielos que son, en rigor, más perturbadores que el infierno.

En general, las religiones occidentales tienden a explicar el Cielo como un lugar en donde el hombre justo encuentra la completa satisfacción de sus deseos. Ahora bien, son muchos los autores que nosdescriben la vida de ultratumba, pero ninguno de manera tan cruda como Emanuel Swedenborg.

Sobre su vida hablaremos en otra parte, ya que este visionario es una verdadera fuente de placeres para quien disfruta de las curiosidades literarias. Hoy sólo nos dedicaremos a narrar su tétrica visión del Cielo.

El poeta William Blake sostenía que de existir un cielo, es decir, un lugar de felicidadperfecta, sólo una cosa debía estar prohibida allí: la estupidez. Blake, que era todo menos estúpido, consideró que incluso los malvados podían tener acceso al goce que supone la contemplación de Dios, pero que este placer estaba vedado a la estulticia. Según el poeta, al igual que Swedenborg, un hombre inteligente nunca podría encontrar la felicidad completa en compañía de imbéciles, por lo tanto,estos debían encontrar la vida de ultratumba en otro sitio, acaso más discreto.

Swedenborg nos relata la historia de un hombre, que si bien no es un imbécil, no puede acceder a los placeres del Más Allá, aún cuando es un justo merecedor de ellos.

El Asceta.

En años olvidados, un hombre, hastiado de la vida mundana, se retira a una eremita, dispuesto a pasar el resto de su vida en una sublimecontemplación de la Nada. Sólo lo acompañan los vientos y la arena del desierto.
Los años pasan, el visionario no nos dice cuántos, y el hombre va perdiendo todo rasgo amor propio; lo único que alberga en su corazón es la visión anticipada del Paraíso.
La muerte lo encuentra arrodillado en la eremita, solo, agradeciendo a Dios por su bondad sin límites, por su amor que todo lo penetra.Naturalmente, este hombre, amable y resignado, es recibido en el cielo inmediatamente.

Pero pronto nuestro amigo nota algo singular, mejor dicho una serie interminable de singularidades: los hombres se comunican allí de una manera plena, absoluta. No existen diálogos con palabras, sino un intercambio de pensamientos enormemente elaborados, hasta se podría decir que las agudezas de Voltaire son losbalbuceos de un infante al lado de aquellos intrincados tratados filosóficos que, repito, sólo eran comunicados mediante el pensamiento. ¡Qué distinto era aquello de la soledad del desierto! En el cielo no había inmovilidad, bastaba con desear estar en un lugar para aparecer allí en el instante. Los hombres y los ángeles brillaban con una luz intensa, que era proporcional a la penetración suinteligencia. Todo era una perpetua metamorfosis, los hombres creaban aquello que en la tierra les estaba vedado: los amantes de la pintura encontraban el pleno desarrollo de sus virtudes de una manera magistral, los colores, cuyas tonalidades son inconcebibles para los mortales, danzaban ante la vista de los curiosos, creando formas y paisajes más reales que la realidad misma, ya que no había un lienzoque limitase la imaginación del artista.

Pero claro, esta virtud divina no se limitaba sólo a las artes pictóricas, sino también a la literatura, la música, y a todas las pálidas expresiones que los mortales llamamos arte. Allí todo encontraba su cause natural, las melodías eran absolutas, encantaban a los oyentes, pero no sólo por los acordes virtuosos, sino porque los oyentes también erancapaces de modificar la música a medida que la percibían. Los poetas encontraban aquello que todo escritor anhela, la eficacia y la Belleza.

En este cielo abrumador se paseaba absorto nuestro Asceta, aturdido por todas las cosas que no podía percibir. Se acercó a los ángeles, pero estos no comprendían la lengua de los mortales; entonces el Asceta intentó comunicarles su pensamiento, pero también...
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