Un mendigo

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  • Publicado : 8 de noviembre de 2010
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UN MENDIGO
FUE UN día de invierno, alumbrado por un sol transparente y seco, color tafetán, cuando Lucas Ramírez, después de franquear la puerta del hospital, se encontró en la calle. Parpadeó, deslumbrado por la luz fuerte y libre que resplandecía en las paredes blanqueadas; luego, inmóvil en la orilla de la acera, reflexionó. No lo hizo mucho rato; ya en el último mes de su estada en elestablecimiento había pensado bastante sobre el momento de su salida y sabía que su vida, al abandonar el hospital, estaría amarrada a dos hilos: la punta de uno de ellos remataba en el hospicio; la del otro, en esa gran institución ambulante y pública que se llama mendicidad. Pero nunca había imaginado la diferencia que había y hay entre el hecho de decir: “Cuando yo salga del hospital. ." y el deencontrarse fuera realmente. La calle, cuyo aspecto y movimiento casi tenía olvidados después de sus varios meses de enfermedad, desfila ba ante él caminando hacia los campos. Le pareció de pronto, vista desde su ángulo de inválido, una desolada e inmensa planicie, batida por un viento helado, cruzada de profundas quebradas y penosas pendientes, en la cual aquel cuyos pies no se asentaban bien entierra, vacilaba, se perdía, caía y no se levantaba. La vida y el mundo estaban al final de esa imagen. ¡ Ah, si él hubiera tenido en ese momento sus piernas, sus elásticas y firmes piernas de antes, con qué placer habría echado a andar, el alto pecho levantado, con la agilidad y decisión con que los hombres vigorosos caminan en las mañanas de invierno! Miró hacia ambos lados de la calle, comoeligiendo rumbo, aunque para él eran iguales todos, el del norte o el del Sur, hacia levante o hacia poniente; para donde fuera y por mucho que caminara, aquellos dos hilos lo seguirían, sin soltarlo, desovillándose, alargándose mientras él marchaba y recogiéndose cuando retrocediera, tirando ambos de él hacia sus puntos de término. Solamente un acontecimiento imprevisto, absurdo, podría cortar aquellasamarras invisibles. En busca de él se decidió a marchar. Eligió para irse la acera contraria a aquella en que se encontraba y que aparecía enlucida por una atmósfera brillante, dentro de la cual las personas se movían como envueltas en una gelatina dorada. Antes de atravesar la calle miró hacia arriba y hacia abajo; no venia ningún vehículo. Avanzó un pie, luego otro y caminó, caminó con aquelandar que la enfermedad le había dado, horrible andar de muñeco que ha perdido su aserrín y que hacía volver la cabeza a los transeúntes.

Cuando avanzaba la pierna derecha, el hombro del mismo lado descendía hacia la cintura, mientras el pie izquierdo, rezagado, esperaba el tirón que le haría emparejarse al otro; después, el hombro derecho surgía, recobrando el cuerpo su posición de firme yreuniendo fuerza para el otro paso. El bastón, torcido y lleno de nudos, marcaba con isócronos golpes los movimientos de aquella máquina, a la que la enfermedad había roto un resorte esencial. Caminó así entre la multitud que llenaba las aceras. Parecía un extraviado, un hombre que ha perdido la orientación y la memoria y que marcha sin saber por dónde, procurando recordar la calle y el sitio en queestá su casa, su hogar. Iba hacia todos lados y hacia ninguno. Estaba solo. De sus años de infancia pasados en la capital. no tenía sino vagos recuerdos de personas y familias, todas ellas sin posición económica sólida y con las cuales no le ligaba sino esa amistad ocasional de la vecindad, que desaparece con una ausencia prolongada. Su familia, escasa y pobre. era del norte y residía allá. Sedetenía en las esquinas y miraba: hacia allá iba una calle, hacia acá otra, por allí una, por allí otra, y contemplábalas huir vertiginosamente, sin saber cuál era la suya, sin poder elegir una, pues todas eran iguales y ninguna le recordaba algo que lo llamara. Así transcurrió la mañana y vino la tarde. Grandes nubes pardas y blancas, que el viento, desorientado como Lucas Ramírez, tan pronto había...
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