Un pacto con el diablo. juan josé arreola

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 8 (1761 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 25 de noviembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Juan José Arreola
Moisés Hernández
Autodidacta y autor de una obra bien conocida, breve pero fecundísima, había asimilado desde su juventud las enseñanzas de los veneros más importantes del pensamiento clásico y occidental. Nacido en una familia de rancia raigambre católica –“sobrino de señores curas y de monjas escondidas”, según sus mismas palabras–, conocía a la perfección los alcances ylos defectos de tal religión, de los que solía burlarse con todo el rigor de un buen hereje. Ningún aspecto se salvaba. Así, en Confabulario, arremete contra la artificialidad de la ortodoxia y de su manipulación en los concilios (“Sinesio de Rodas”); descubre el absurdo de los cultos oficiales (“El prodigioso miligramo”); muestra, mediante un espléndido mecanismo de contraste, el horror de lainflexibilidad de los dogmas (“El converso”). Y sin embargo, Arreola era el hijo preclaro de Zapotlán el Grande –uno de los reconocimientos que obtuvo lo estipula al pie de la letra–. Por ello, podía volver a lo que traía en sí, a los viejos artículos de fe –la omnipresencia de Dios– para afirmar su confianza en la supervivencia de la humanidad.
Esta tendencia paradójica, que no contradictoria, levenía probablemente de otro gran autodidacta, Giovanni Papini. El escritor italiano, autor de Gog y El libro negro, legó al mundo brillantes páginas de retorcido misticismo, resultado de una vida desgarrada por fuerzas espirituales opuestas. Es célebre su idea, expuesta con toda formalidad en Il Diavolo, y pese a que era incompatible con la doctrina de su fervoroso catolicismo, de que hacia elfinal de los tiempos el mismo diablo habrá de ser alcanzado por la misericordia de Dios.
Arreola reconoció esta deuda y no es difícil notar que de dicho libro tomó la esencia del argumento de su relato sobre Alonso de Cedillo. Papini, claro, es sólo un ejemplo, aunque importante, de las múltiples meditaciones que recogerá. “Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante lapalabra han manifestado el espíritu, desde Isaías hasta Franz Kafka”, escribió.
Ahora bien, el propio lenguaje de Arreola es con frecuencia eminentemente religioso, bien cuando su intención es paródica, o bien cuando se sirve de ciertas palabras y las coloca en un contexto ajeno, prosaico o fantástico, sin que pierdan un ápice de su carga piadosa. Basta recordar la última línea de “Elguardagujas”: “Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento”. Y si es posible decir eso de su lenguaje, no lo es menos hacerlo de la forma misma en que construía sus textos. En Confabulario, se nota de inmediato, se encuentran lo mismo parábolas que recreaciones de motivos bíblicos, así como escritos edificados según el plano de la narrativa moderna, en los que suelenintercalarse pasajes metafísicos –por no decir teológicos–, como en Pablo o El silencio de Dios. En las mejores palabras de Adolfo Castañón:

No es posible hablar de Arreola sin hablar de religión, ni seguir su ímpetu ascendente y descendente (a veces para subir hay que saber bajar un poco) sin deletrear las afiladas partituras de eso que, a falta de otra cifra, se llama salvación. Era demasiado librepara ser un ortodoxo de cualquier devoción, pero demasiado buen lector como para dispersarse en el páramo ceniciento y al final tedioso de un laicismo invertebrado. Se acepta que era un hombre apasionado, pero en cuanto se pregunta qué pasión lo atravesaba empiezan las vacilaciones. Lo atraían las fábulas de la pasión, pero esos pequeños infiernos no eran nada en relación con el volcán que lodevoraba: esa insaciable sed de encarnación y metamorfosis, esa ubicua pasión por la pasión resuelta en la pasión de contar y dejarse contar por el texto multánime que lo habitaba, ¿cómo llamarla?

Desde luego, sería más que inexacto –sería atroz– leer Confabulario como un libro místico. Lo religioso no es el aspecto primordial –ni del libro ni de su obra–, pero sí constituye una componente...
tracking img