Un querubin amistoso

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Esther Cosani

“Uso Exclusivo Vitanet, Biblioteca Virtual 2005”

UN QUERUBÍN AMISTOSO ESTOY SEGURA, segurísima, de que quien verdaderamente sacó de sus casillas a San Roque fue este Querubín. No tenía otro defecto que ser demasiado amistoso. Sí, queriditos míos, vosotros me diréis que esto no es un defecto, pero yo os probaré ahora que, a veces, suele serlo. Este Querubín, que era lindísimo,cambiaba de amigos como quien se cambia de calcetines. Como era muy bueno, todos lo querían, y nada hubiera sucedido si, en una ocasión, vagando por allí, no hubiera tenido la ocurrencia de ir a parar a un rincón sombrío del Paraíso, desde donde arrojan al Infierno las basurillas. Hay allí una puerta pequeña. Asomándose por ella puede verse, muy, muy abajo, la entrada del Infierno y hasta sesiente un calorcillo con olor a azufre bastante desagradable. Por aquella puertecita asomó el Querubín su cabeza ensortijada. ¿Qué creéis que vió?... Pues, nada menos que a un diablillo, más o menos, de su porte. Estaba hurgando afanoso entre los montones de desperdicios y movía su rabo corto y enroscado como el de un marranito. El Querubín se quedó contemplando embelesado sus rápidos movimientos. Sedespertaba en él su sentimiento amistoso. El diablejo parecía un tizón, con sus cachitos que apenas comenzaban a asomarle sobre la frente y unas patitas de cabritillo. Pero lo que más fascinó al Querubín fue oírlo silbar. En aquellos tejemanejes, el pequeño demonio iba silbando, ¡qué divertido era! —Psst, psst... —lo llamó el Querubín. El diablito pegó un respingo y, arrojándose de cabeza en unmontón de basuras, se quedó quietecito. —Psst, psst... —volvió a llamar el Querubín, que ya tenía medio cuerpo afuera y corría el peligro de caerse. El diablillo rebulló inquieto y, por fin, aso-el hociquito, en el cual se le habían pegado unas plumas.

—Oye... Mira para arriba, aquí —gritó el Querubín. Dos ojos vivísimos y colorados se clavaron en él. —¿Quién eres? —volvió a preguntar elQuerubín. No viendo peligro, el diablillo salió de su escondite, inmundo como bien podéis. imaginaros. Medio receloso se fue acercando al Angelito, quien lo recibió con la más amistosa de sus sonrisas. El diablejo, de pie sobre unas nubes, lo miraba moviendo el rabo y un dedo en la nariz. De vez en cuando, guiñaba los ojos piturrientos como si la luz le escociera. —Cómo te va —saludó con su vocecillaronca. —Bien. ¿Y ati? —Bien, también. Y se quedaren mirando un largo rato en silencio. El Querubín pensaba desesperadamente en qué cosa mostrarle. para iniciar una sólida amistad. Por fin encontró una hebilla de oro. —Mira. —¿Qué es eso? —Es mío... Te lo regalo. El diablejo alargó la zarpa, cogió la hebilla, la miró y se la guardó. me das las gracias? —No..., no me da la gana. —¿No te gusta lahebilla? —Psss. El Querubín’ lo contemplaba ansioso.

—Oye..., yo tengo alitas. Mira. —Psss... —A mí me dan chocolates. —Psss. —Mi mamita Virgen tiene un manto da estrellas. —Psss... La mía tiene un rabo bien, bien largo¿ De veras?... ¿De qué largo? —Psss... No se puede medir dé puro largo. —Oye... Ya están llamando para ir a cantar. Mañana vuelvo y te voy, a regalar una cosita bien, bien: linda.¿Quieres?... ¡Ah!, ¿cómo te llamas? —Cachitos, pero me dicen el Naa Pelos porque soy pelao. —Adiós, Cachitos, adiós. Así se inició la nueva amistad de nuestro Querubín. Todos los días se escapaba para conversar con su flamante amigo, llevándole regalos. Todas las mañanas, el diablillo lo esperaba, escarbándose la nariz y rascándose con la otra mano el traserito. Cachitos era un mentiroso terrible.Tenía mareado al Querubín con sus historias. —Oye, ¿qué vas a ser tú cuando grande? —¿Quién?, ¿yo?... Yo voy a ser Ángel de la Guarda de un niño. ¿Y tú? —Yo voy a ser el Patrón de los Pungas. —¿Qué es eso punga? —Ladrón.

— ¿Y es bonito ser eso? —Psss... Claro que sí... Yo le robo a mi vieja cuanto pillo. —¡OOOOH! —¿Y tú? —Yo..., yo no puedo hacerlo. —Tonto... -¿Te da miedo? —¡Oh!, no... es...
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