Un recuerdo infantil de leonardo da vinci (1910)

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Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci
(1910)

Eine Kindheitserinnerung des Leonardo da Vinci

I

Cuando la investigación del médico del alma, que suele contentarse con un frágil material humano, aborda a uno de los grandes de la humanidad, no lo hace obedeciendo a los motivos que tan a menudo los legos le atribuyen. No aspira a «ensuciar lo esplendoroso y arrastrar por el polvo loexcelso»; no le depara satisfacción ninguna estrechar el abismo entre aquella perfección y la insuficiencia de sus objetos habituales. Es que no puede hacer otra cosa que descubrir todo lo digno de inteligirse que pueda discernir en aquellos hombres arquetípicos, y opina que nadie es tan grande como para que le resulte oprobioso someterse a las leyes que gobiernan con igual rigor el obrar normal y elpatológico.

Ya sus contemporáneos admiraron en Leonardo da Vinci (1452-1519) a uno de los hombres más importantes del Renacimiento italiano, aunque a ellos mismos les pareció tan enigmático como nos sigue pareciendo a nosotros. Un genio omnilateral «cuyos contornos uno puede apenas sospechar, nunca averiguar exhaustivamente», (ver nota) ejerció el influjo más decisivo sobre su tiempo en sucondición de pintor; sólo a nosotros nos estaba reservado discernir la grandeza del investigador de la naturaleza (y del técnico), que en él se asociaba con el artista. Si bien nos ha legado obras maestras de la pintura, en tanto que sus descubrimientos científicos permanecieron inéditos y sin aplicación, en el curso de su desarrollo el investigador nunca dejó el campo del todo expedito al artista, amenudo lo perjudicó gravemente y quizás a la postre lo haya sofocado. Vasari pone en boca de Leonardo moribundo el autorreproche de que ha ofendido a Dios y a los hombres por no haber cumplido su deber en el arte. (ver nota) Y por más que este relato de Vasari no pueda alegar verosimilitud externa, ni una considerable interna, y pertenezca a la leyenda que ya en vida de este enigmático maestroempezó a formarse a su alrededor, conserva empero un valor indiscutible como testimonio del juicio de aquellos hombres y de esa época.

¿Qué era lo que en la personalidad de Leonardo se sustraía a la comprensión de sus contemporáneos? No, sin duda, la pluralidad de sus disposiciones y conocimientos, que le permitía introducirse en la corte de Ludovico Sforza, apodado «el Moro», duque de Milán,tañendo un instrumento recién creado por él, o escribirle aquella asombrosa carta en la que se gloriaba de sus inventos como ingeniero en construcciones y en máquinas bélicas. Es que el Renacimiento estaba habituado a semejante reunión de múltiples habilidades en una sola persona; y el propio Leonardo era uno de los más brillantes ejemplos de ello. Tampoco pertenecía a ese tipo de hombres geniales cuyaapariencia muestra las tachas de una naturaleza avara y que a la vez no atribuyen valor alguno a las formas externas de la vida, rehuyendo el trato con los humanos, dolido y ensombrecido su talante. Era, al contrario, de buena talla y proporcionado, de perfecta belleza su rostro, y poseía un vigor físico poco común; de encantadores modales, maestro del discurso, cálido y amable con todos. Amabala belleza también en las cosas que lo rodeaban, usaba con gusto ricos vestidos y estimaba todos los refinamientos de la vida, En un pasaje de su Trattato della Pittura, significativo respecto de su festiva aptitud para el goce, compara la pintura con sus artes hermanas y describe las penurias del trabajo del escultor: «Su rostro está todo sucio y embadurnado de polvillo de mármol, de suerte queparece un panadero; y es como si le hubiera nevado sobre las espaldas, tan cubierto queda de aquellos pedacitos, lo mismo que su casa entera. Todo lo contrario ocurre con el pintor ( ... ) pues se sienta con gran comodidad ante su obra, bien vestido, y mueve el livianísimo pincel con los placenteros colores. Está adornado con las ropas que le gustan. Y su casa, llena de cuadros deleitosos,...
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