Una escuela para nuestro tiempo

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Una escuela para nuestro tiempo de JOSÉ GIMENO SACRISTÁN

1. Para lo que sirve la escuela que tenemos
I. Las promesas.
II. Los fracasos.
III. ¿Igualdad de oportunidades?
IV. Lo que el alumno aprende en el aula de clase.
V. La función del profesor.
2. A la búsqueda de soluciones.VI. La Hipótesis de la desescolarización.
VII. ¿Para qué sirve la escuela permisiva?
VIII. El trabajo en la educación y la educación por el trabajo.
IX. Escuelas sí, pero diferentes.
X. Realizaciones prometedoras.
Notas.
Sobre el autor.

1. Para lo que sirve la escuela que tenemos1. Las promesas
 
Cuando menciono la palabra escuela quiero despertar la imagen de la institución a la que la mayor parte de la población hemos asistido durante un tiempo más o menos amplio, con el fin de adquirir los mecanismos que nos facilitaron la adquisición de cultura y una parte de esta misma cultura. No me refiero, pues, en especial a los niveles más elementales de educacióninstitucionalizada a los que aquella palabra se refiere en su acepción, más extendida dentro de un contexto educativo, sino que aludo a la institución que en nuestra sociedad se ha especializado en la complicada misión de transmitir el conocimiento.
 
Por razones obvias esas primeras etapas de educación van a ser objeto privilegiado de atención por razones fundamentales: 1) Afectan a lamayoría de la población. 2) En ellas está el germen del éxito posterior en otros niveles educativos. 3) En ellas se fraguan las actitudes de los alumnos ante el saber y su apropiación. Pero en ningún caso pensamos que la problemática que sugiere la educación elemental que conocemos no sea en el fondo la misma, que afecta a los niveles medios y superiores, si bien con una sintomatología peculiar encada caso. Al fin y al cabo reconocemos que el proceso educativo debe ser uno, progresivo pero sin saltos.
 
A partir de la Ilustración y de la Revolución francesa, la humanidad fue cobrando progresivamente conciencia del poder de la razón de los hombres y de la necesidad de guiar sus acciones y las relaciones entre ellos por ella.
 
El hombre, una vez liberado de sus trabas,podría mejorarse y mejorar el mundo. El espíritu ilustrado preconizaría la necesidad de apoderarse del saber como el camino racional que conduciría a la humanidad a elevadas cotas de progreso material y moral. La realización más inmediata de la aplicación de este principio sería la progresiva extensión de la enseñanza a ámbitos cada vez más amplios de población. Pronto se intuyó que la enseñanzaelemental debía ser un bien extensible a la humanidad entera. La escuela adquiría la gran responsabilidad de llevar el saber a todos y en todas las partes.
 
Esta necesidad que surgía de planteamientos éticos y políticos, sería apremiante mucho más tarde, cuando la escolarización se ligase al sistema económico en un maridaje que hoy en día es totalmente indisoluble. El paso de un sistemaagrícola y artesanal a otro industrial ha requerido un cierto grado de instrucción en el elemento humano. La enseñanza no es sólo la forma de elevación de la especie humana en un plano ético-, sino la necesidad ineludible de los sistemas económicos.
 
Con toda claridad hoy escuchamos que gastar recursos en enseñar a la población no es un gasto superfluo que sólo aprovecha a los ociosos,reflejo de un romántico ideal. El gastar en educación es una urgencia inaplazable, porque no es despilfarrar recursos, ni mucho menos, sino invertir. Enseñar es rentable desde un punto de vista estrictamente económico.
 
A la masa analfabeta hay que redimirla y no sólo por acercarla unos pasos al mundo sofisticado de la cultura, sino porque también sólo si están instruidos pueden ser más...
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