Una palabra a tiempo

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  • Publicado : 16 de noviembre de 2010
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Una palabra a tiempo
Las oportunidades para la psicoterapia colectiva eran limitadas. El ejemplo correcto era
más efectivo de lo que pudieran serlo las palabras. Los jefes de barracón que no eran
autoritarios, por ejemplo, tenían precisamente por su forma de ser y actuar mil
oportunidades de ejercitar una influencia de largo alcance sobre losque estaban bajo su
jurisdicción. La influencia inmediata de una determinada forma de conducta es siempre más
efectiva que las palabras. Pero, a veces, una palabra también resulta efectiva cuando la
receptividad mental se intensifica con motivo de las circunstancias externas. Recuerdo un
incidente en que hubo lugar para realizar una laborterapéutica sobre todos los prisioneros
de un barracón, como consecuencia de la intensificación de su receptividad provocada por
una determinada situación externa.
Había sido un día muy malo. A la hora de la formación se había leído un anuncio sobre
los muchos actos que, de entonces en adelante, se considerarían acciones de sabotaje y, porconsiguiente, punibles con la horca. Entre estas faltas se incluían nimiedades como cortar
pequeñas tiras de nuestras viejas mantas (para utilizarlas como vendajes para los tobillos) y
"robos mínimos. Hacía unos días que un prisionero al borde de la inanición había entrado en
el almacén de víveres y había robado algunos kilos de patatas. El robo se descubrióy
algunos prisioneros reconocieron al "ladrón". Cuando las autoridades del campo tuvieron
noticia de lo sucedido, ordenaron que les entregáramos al culpable; si no, todo el campo
ayunaría un día. Claro está que los 2500 hombres prefirieron callar. La tarde de aquel día de
ayuno yacíamos exhaustos en los camastros. Nos encontrábamos en las horasmás bajas.
Apenas sé decía palabra y las que se pronunciaban tenían un tono de irritación. Entonces, y
para empeorar aún más las cosas, se apagó la luz. Los estados de ánimo llegaron a su punto
más bajo. Pero el jefe de nuestro barracón era un hombre sabio e improvisó una pequeña
charla sobre todo lo que bullía en nuestra mente en aquellosmomentos. Se refirió a los
muchos compañeros que habían muerto en los últimos días por enfermedad o por suicidio,
pero también indicó cuál había sido la verdadera razón de esas muertes: la pérdida de la
esperanza. Aseguraba que tenía que haber algún medio de prevenir que futuras víctimas
llegaran a estados tan extremos. Y al decir esto me señalaba amí para que les aconsejara.
Dios sabe que no estaba en mi talante dar explicaciones psicológicas o predicar
sermones a fin de ofrecer a mis camaradas algún tipo de cuidado médico de sus almas.
Tenía frío y sueño, me sentía irritable y cansado, pero hube de sobreponerme a mí mismo y
aprovechar la oportunidad. En aquel momento era más necesarioque nunca infundirles
ánimos.
Asistencia psicológica
Seguidamente hablé del futuro inmediato. Y dije que, para el que quisiera ser imparcial,
éste se presentaba bastante negro y concordé con que cada uno de nosotros podía adivinar
que sus posibilidades de supervivencia eran mínimas: aun cuando ya no había epidemia detifus yo estimaba que mis propias oportunidades estaban en razón de uno a veinte. Pero
también les dije que, a pesar de ello, no tenía intención de perder la esperanza y tirarlo todo
por la borda, pues nadie sabía lo que el futuro podía depararle y todavía menos la hora
siguiente. Y aun cuando no cabía esperar ningún acontecimiento militar importante en los...
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