Una prostituta a finales del siglo xix

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  • Publicado : 7 de febrero de 2011
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“Una Prostituta a finales del siglo XIX”
Vivíamos en plena época del Olimpo, en la que la caficultura se consolidaba en el valle central, era el camino hacia un capitalismo agrario que le prometía a Costa Rica un crecimiento lleno de prosperidad, llevando consigo la esperanza de un futuro mejor.
En realidad, no creía tener muchos motivos para quedarme. Teníamos una humilde casita ubicada en elcentro de Alajuela, en aquel tiempo no era tan poblado como lo es ahora, pero lo suficiente como para vivir dignamente. Era yo la menor de tres hijos, dos de ellos varones, fruto del amor que alguna vez existió entre mis padres, pero, por cosas del destino, mi padre había fallecido cuando apenas cumplía yo los tres años, y lo único que ahora queda es su vago recuerdo y que la idea que una epidemiadel cólera fuera la que le mató cuando fue enviado a la guerra. Desde entonces mi madre quedó a la cabeza del terreno sembrado de café y pastado por algunas cuantas reses, de lo cual siempre habíamos vivido, y a cargo de la educación de nosotros, sus hijos. Pero este hecho no perturbaba nuestras vidas, teníamos la oportunidad de asistir a la escuela y en ese entonces era un privilegio. No fuesino hasta unos años después, en los que el machismo estaba en su pleno apogeo y la Oligarquía cafetalera que llegó a tomar el poder, empezó a surgir una serie de privatizaciones sobre las tierras campesinas que prácticamente nos dejo en la calle. Fue así, de pronto, como me daba cuenta de que la riqueza llegaba en forma desigual, o ni siquiera llegaba.
Como carecíamos de una figura paterna que nossustentara, produjo que con mayor facilidad mi madre fuera desposeída de todo lo que teníamos, pues se creía que una mujer con hijos, pero sin conyugue, no podría ser capaz de encargarse de tales tareas.
A pesar de que mi madre nos supo inculcar buenas costumbres católicas, las cuales aún regían un enorme control social, sobre los costarricenses, quienes no necesitan más que sus valores para serpersonas “morales”.
Fue a partir de este acontecimiento que comenzó mi calvario. Mis hermanos y yo tuvimos que dejar la escuela cuando apenas estaba cursando yo el tercer nivel, de igual forma hubiera seguido siendo así aunque mi madre siguiera conservándolo todo, porque la educación estada vetada para nosotras las mujeres, y se creía suficiente aprender a leer y escribir. Pero mis dos hermanosquizás hubieran podido.
En ese entonces mi madre recordó un antiguo pretendiente suyo, quien vivía en la ciudad Capital, y de quien espera que nos ayude. Con la idea de que quizás allá podría conseguir algún empleo y algún lugar donde quedarnos, porque todos nuestros parientes vivían lejos y en peores condiciones.
Las autoridades nos habían dado el plazo de una semana para conseguir otra casa ygracias a esto fue que a mi madre le alcanzó el tiempo para contactar a este hombre desconocido. Por lo que ella nos comentó a mí y a mis dos pequeños hermanos, nos íbamos a vivir a San José, pero no sabíamos dónde.
Emprendimos el viaje en bus, pero con un futuro incierto de lo que pasaría después. Cuando por fin llegamos a nuestro destino, la admiración que sentía al ver tal escenarioincomprensible para mí, me mostro un mundo desconocido, donde la gente camina insegura y el aire huele a pobreza.
Llegamos caminando hasta un lugar llamado el “Callejón de la Puñaladas honestamente no quería saber el origen de tal nombre. Nos adentramos, en medio de las miradas curiosas y morbosas, donde las chozas se caen a pedazos y donde la violencia se percibe desde la entrada, hasta llegar al final dela calle, donde se veía una casa, si así se podía llamar, y a la puerta estaba un hombre algo mal presentado, y que de inmediato supuse que era nuestro “salvador”. Cuando estuvimos frente a él, mi madre lo saludó algo apenada, y mis hermanos estaban mudos por el miedo que les causó el vecindario. El señor, nos invitó a pasar, se presentó ante nosotros y nos dijo que se llamaba Pedro. Mi madre...
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