Vanguardia

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6 LA VANGUARDIA

I N T E R N A C I O N A L

DOMINGO, 21 ENERO 2007

La economía africana crece, pero no lo suficiente para reducir la pobreza a la mitad en el 2015

Entre la ayuda y el comercio justo
ÁFRICA Y LA GLOBALIZACIÓN
FÉLIX FLORES
Barcelona

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rrebatar la riqueza a la gente y después fingir que se le quiere ayudar. Nos roban por un lado, nos devuelven unas migajas y lollaman cooperación”, sostiene Aminata Traoré, líder altermundista africana. La escritora y ex ministra de Mali es vista con cierta suspicacia en su tierra por mediática, pero quizá su hablar llano se agradece cuando es tan fácil perder el discernimiento ante la superabundancia de cifras sobre África que cada año producen el Banco Mundial y las agencias de la ONU, y que son luego procesadas pororganizaciones internacionales de todo tipo. Para Traoré, los planes de Tony Blair para África, escenificados en la cumbre del G-8 del 2005, no fueron sino ganas de quedar bien. La propuesta inicial de que los países ricos aportaran cien millardos de dólares en diez años se redujo a la mitad, que se desembolsará a partir del 2010. Estados Unidos aportaría 15 millardos. Sin embargo, según señalabaentonces el economista Jeffrey Sachs –autor de El fin de la pobreza–, una tercera parte de la ayuda de EE.UU. suele ser alimentos (lo que no supone un apoyo a la agricultura) y la mitad del monto se va en transporte. Otra tercera parte se gasta en nóminas, en particular las de asesores norteamericanos. El investigador Graham Hancock, en Lords of poverty, es más duro: “A pesar del gasto de cientos demillardos de dólares –en los últimos 50 años–, es poco evidente que los pobres se hayan beneficiado”, y “sin embargo, no hay duda de que la ayuda paga los grandes salarios de los funcionarios internacionales, expertos en desarrollo, consultores...”. Según Sachs, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que impuso sus políticas de ajuste en África

A

a lo largo de los años ochenta y noventa, debecambiar de actitud y, “en vez de presionar a los países pobres para que corten o congelen el gasto público (...), presionar a los países ricos para que cumplan sus compromisos”. Por evidente que sea el desastre africano, hay opiniones diversas. El director del Departamento de África del FMI, Abdulahi Bio-Tchané, veía el pasado diciembre argumentos para el optimismo. El PIB creció en el Áfricasubsahariana en torno al 5% en el 2005 y el 2006, y apunta a un 6% en el 2007, la cifra más alta en decenios. La inflación baja de forma sostenida. Sin embargo, para al-

canzar en el 2015 los Objetivos del Milenio de reducir a la mitad el volumen de pobreza calculado en 1990 haría falta un crecimiento del ingreso per cápita del 5% anual desde el 2000, cuando estos objetivos fueron fijados por laONU, y hasta ahora sólo llega al 3%. La realidad “sobre el terreno”, como dicen los cooperantes, es mucho más dura. Las economías africanas siguen siendo extractivas, dependientes, frágiles, por tanto, incluso para los productores de petróleo (Angola, Guinea Ecuatorial, Congo y Nigeria, una potencia continental con escaso peso en el exterior), y el intercambio desigual que deriva de

estascondiciones degrada los mercados interiores. Una ONG de Camerún probó que la gente no ignora la situación. En el 2004 lanzó una campaña contra el pollo congelado procedente de la UE. Su presidente, Bernard Njonga, dijo a Le Monde: “Hemos constatado una toma de conciencia. Las familias pobres dejan el pollo congelado, que es menos caro, por el local. Es un paso de gigante”. Si algo positivo salió deaquella reunión del G-8 del 2005 fue el acuerdo para cancelar la deuda de catorce países africanos. En cambio, sigue sin respuesta otra demanda, siempre la misma: condiciones de comercio justas. Los ministros del ramo de la Unión Africana celebraron esta semana otra frustrante reunión, en Addis Abeba, en presencia del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy. Los...
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