Veinte poemas para leer en el tranvia

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Girondo, o la exaltación de la modernidad

Publicado en 1921 en una edición de lujo ilustrada por el autor, y un año después en una tirada más larga a precio popular, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía puede ser leído como una exaltación de la modernidad.

¿Cuáles son los procedimientos que utiliza Oliverio Girondo para ese fin? Para contestar a esta pregunta analizaremos uno de losveinte poemas: “Apunte callejero”. El mismo es un poema en tres estrofas escritas en prosa, sin rima. El poeta se encuentra en la calle, probablemente caminando (la última estrofa comienza con “Al llegar a la esquina”), y registra lo que ve (o mejor dicho, toma apuntes de lo que ve): una familia en una terraza, una mujer que lo pasa de frente (nota sus senos), alguien que abre una ventana en unquinto piso. Son imágenes rápidas, instantáneas: la imagen visual de alguien que parece estar crucificándose al abrir la ventana da la impresión de un registro fotográfico. Las imágenes también conmueven al poeta por su cantidad, como si no pudiera capturar todo lo que está pasando en tan poco tiempo: “tan lleno que tengo miedo de estallar… necesitaría dejar algún lastre en la vereda”[1].

Hastaaquí, todo parece como si la vida urbana transmitiera más que nada vértigo, pero hay quizá dos procedimientos más interesantes: la humanización de los objetos y la cosificación de los humanos. Así, por ejemplo, “el ruido de los automóviles” destiñe las hojas de los árboles”, relación causa-efecto que en la vida real no se comprueba, puesto que un sonido no puede desteñir. Más adelante, la sombradel poeta se “arroja entre las ruedas del tranvía”, como si la sombra tuviera vida propia. El segundo de los recursos mencionados se aprecia, por ejemplo, en el hecho de que “hay una familia gris”. La familia solamente existe, no hace nada, no lleva a cabo ninguna acción, como si fuera una cosa. Más adelante, “las imágenes me entran por las pupilas”, es decir, que el poeta no lleva acabo la acciónde ver (como haría un ser humano), sino que las cosas le invaden los ojos (como si tuvieran esa capacidad).

Ambos recursos están relacionados: por un lado los objetos llevan a cabo acciones humanas y, por el otro, las personas aparecen cosificadas, como si la experiencia urbanizadora de la cosmópolis hubiera causado esta inversión. Jorge Schwartz resume ambos procedimientos en algo que llama la“reificación del sujeto”: es una visión deshumanizada donde “los límites diferenciadores entre objeto y sujeto” aparecen borrados[2].

Sin embargo, esta experiencia de inversión no genera angustia en Veinte poemas…: aparece como el poeta la ve, de forma puramente descriptiva. Es decir, no tiene una carga negativa. Es una visión objetivizadora, que busca producir, si se utiliza la terminología deShklovski, un extrañamiento. Si se opone a la contemporánea literatura de Boedo, vemos un fuerte contraste. Mientras Arlt o Castelnuovo cargan sus obras de ideología y de drama, de contenido social, Girondo parece tan sólo observar. Su acción más comprometida es extrañar. Si tomamos escenas de sexo como ejemplo, basta comparar la angustia y la morbosidad en la escena de Astier con el travestido enEl juguete rabioso[3], o bien la del narrador del cuento Tinieblas[4] con Luisa, con la aparente superficialidad de “pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas” en “Apunte callejero”, para recalcar esta diferencia. En resumen, si la modernidad del siglo XX trae para los autores de Boedo la marginación social de la masa popular, la lectura de Girondo es radicalmente distinta.Aquí llegamos a un punto fundamental: el extrañamiento que genera el poeta en “Apunte callejero” esconde, parcialmente, la verdadera relación del martinfierrismo con el progreso. Conviene, por lo tanto, recurrir al Manifiesto de la revista Martín Fierro, escrito por el propio Girondo, para entender la “nueva sensibilidad” que imponen los tiempos. Los martinfierristas se encuentran “más a gusto...
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